24 junio 2009

Coraline en el país de las pesadillas

Coraline no es feliz. Sus padres se la llevan lejos de sus amigos, a una casa con unos vecinos excéntricos que no le gustan, y de remate le prestan muy poca atención, ocupados como están en acabar un catálogo de plantas de jardín. A Coraline todos la llaman Caroline (lo que le molesta) y nadie parece preocuparse por ella. Tiene que divertirse sola, así que hacer grandes descubrimientos, como el de un pozo semienterrado o una pequeña puerta en una pared, se convierte en una aventura perfecta para soñar una vida mejor. Y todavía más cuando el mundo paralelo que hay detrás de esa puerta, el revés del espejo, es mucho más divertido y responde perfectamente a los deseos de Coraline.

Pero hay que tener cuidado con lo que uno desea, y no dejarse llevar demasiado por nuestras ensoñaciones, aprovechando el aquí y ahora. Esta "Alicia en el País de las Maravillas" gótica que es "Los mundos de Coraline" termina dando ese mensaje, habitual de cualquier cuento de hadas que se precie, pero no importa en esos mundos maravillosos salidos de la imaginación y Neil Gaiman y plasmados en el cine por Henry Selick, un mago del stop motion al que la fama de Tim Burton privó de su verdadero reconocimiento por "Pesadilla antes de Navidad" y cuyo "James y el melocotón gigante" pasó desapercibida. Selick es otro de los tantos profesionales de Hollywood que reconocen la influencia de Ray Harryhausen en la elección de su carrera profesional, además de haberse curtido como animador en Disney, al igual que el propio Burton y muchos de los animadores de Pixar.

Aunque técnicamente es una película impresionante (y más aún en 3D), no se olvidan de dar humanidad a sus personajes, de construir una protagonista con la que nos identificamos y de sacarse de la manga una mala en la tradición de las grandes brujas malas de las películas de Disney (como Maléfica, la mala malísima de "La bella durmiente"). Tampoco faltan los toques de humor (estupendas las dos actrices Spink y Forcible y sus Scottish Terrier, a las que originalmente prestan sus voces las "Absolutamente fabulosas", o lo que es lo mismo, Jennifer Saunders y Dawn French), ni los momentos deliciosamente góticos, y es muy fácil verse transportado a ese mundo y desear ver también el circo de los ratones del Señor Bibinsky.

Si a final de año "Los mundos de Coraline" no figura en las listas de las mejores películas del año, es que Hollywood definitivamente va de cabeza a su final. Hay tantos detalles, tantas cosas, tantos guiños presentes en la película (y una banda sonora estupenda, también), que se puede diseccionar durante horas y horas. Lo mejor es dejar de hablar de ella y verla.
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