13 julio 2009

Y entonces no quedó ninguno

El otro día, "El País" recordaba el 70º aniversario de la primera publicación, en el Reino Unido, de "Diez negritos", una novela de Agatha Christie que, junto con "El asesinato de Roger Ackroyd", representó una revolución en el género policial-detectivesco que se escribía entonces gracias a los sorprendentes giros que salpicaban su trama. Además, la historia de las 10 personas atrapadas en una isla, con oscuros pasados, y que van muriendo una a una sin que se sepa quién será el siguiente ni quién es el asesino, se ha convertido en todo un clásico para armar thrillers de terror o, simplemente, de suspense, como la reciente "Harper's Island" de la CBS. Christie arma un clásico misterio del cuarto cerrado (trasladado a una isla desierta) y le da una vuelta de tuerca que luego ha sido muy imitada, y no siempre bien.

La paranoia y la desconfianza se instalan enseguida en los personajes y, si la trama está bien llevada, puede resultar muy entretenido intentar averiguar quién está detrás de todas las muertes, y qué oscuro secreto del pasado lleva a que mueran. Hace unos años, la película "Identidad" presentó un peculiar giro al esquema (que resultó entretenido, aunque un poco fallido para mi gusto), y que yo recuerde, uno de los últimos libros que yo leí con una trama parecida fue "El faro", de P.D. James. Como nota curiosa, "Diez negritos" es uno de los no pocos libros para cuyo título Christie se basó en viejas canciones infantiles. Además de él están también "Tres ratones ciegos", "Cinco cerditos" o "La casa torcida". Y el título de "El espejó se rajó de parte a parte" es un verso del poema "La dama de Shalott", de Lord Tennyson.

Ese último libro está protagonizado por la señorita Marple, ese antecedente de Jessica Fletcher que resuelve casos al más puro estilo padre Brown, usando la lógica pura y dura. Creo que alguna vez he comentado que, de todos los detectives de Agatha Christie, con el que me lo paso mejor es con Hércules Poirot y cómo utiliza todos los clichés que los ingleses tienen sobre los extranjeros para conseguir siempre lo que se propone.
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