12 julio 2009

Hijos de los hombres

ALERTA SPOILERS: La tercera temporada de "Torchwood" y su especial formato de miniserie continuada va a tratarse aquí, así que ya sabéis qué hacer si no la habéis visto.

Obviando que quien haya visto la tercera y cuarta temporadas de "Doctor Who" tiene una idea de lo que el destino le depara a Jack Harkness en el futuro (este vídeo es un gran spoiler), lo que está claro es que, en parte, va a acabar escogiendo el mismo camino que el Doctor: la soledad. Sólo así podrá tomar decisiones arriesgadas y necesarias y volver a ser el que era cuando, en 1965, llevó a todos esos niños al matadero; un simple mercenario al que no le importa nada. Es el único modo de no volver a sufrir por la pérdida de tus seres más queridos, de no tener que decidir que un único niño debe sacrificarse por el bien de miles de millones de personas, aunque ese niño sea tu propio nieto. Ni las lágrimas finales de Gwen pueden convencerlo de quedarse, aunque, si tenemos cuarta temporada, acabará volviendo. Porque como el propio Doctor sabe también, una soledad milenaria tampoco es lo mejor, y se necesita a alguien que te mantenga siempre con los pies en la tierra.

El caso es que, con este "Children of Earth" emitido a lo largo de cinco días consecutivos en el horario de máxima audiencia de BBC One, "Torchwood" se ha hecho mayor. Las cosas que apuntaba en la segunda temporada indicando que, por fin, estaban haciendo un spinoff más adulto de verdad de "Doctor Who", cristalizan todas en esta tercera entrega con tensión, con suspense, con esos dilemas éticos tan clásicos de la ciencia ficción apocalíptica, con un arranque y una conspiración gubernamental que recordaban mucho a "Expediente X" y unas líneas argumentales que se siguen hasta sus últimas consecuencias, en la línea mejorada de "Adrift" y con el mismo punch emocional que el final de la segunda temporada. Además, le dan un giro realmente malsano a toda la querencia de los alienígenas por los niños, haciendo que su uso como drogas recreacionales aún le dé un tono más patético y demoledor a los esfuerzos del gobierno por entregarlos sea como sea.

De todos modos, éste es el show de Jack y Gwen (aunque reconozco que el trágico personaje de John Frobisher es un acierto). Siempre hemos sabido que Jack ha hecho cosas terribles ya antes de ser inmortal. Cuando lo conocemos, en la primera temporada de "Doctor Who", no es más que un estafador que puede viajar en el tiempo. El Jack eterno no es mucho mejor y, hasta que no entra en Torchwood, y se reencuentra con el Doctor, no empieza a cambiar del Han Solo del principio de "La guerra de las galaxias" al del final de "El retorno del jedi". Pero el viaje no es fácil, y no sólo por ver envejecer y morir a los que le rodean, y pone una carga sobre sus hombros que quizás el ya no quiera soportar más. En el caso de Gwen, su evolución desde la primera temporada ha sido realmente notable. De la pava y algo insoportable de esos primeros episodios, hemos ido pasando a una Gwen mucho más segura de sí misma y resolutiva, toda una igual a Jack en la cadena de mando, y nuestra ventana al mundo cotidiano y normal. Lo de esta tercera temporada es su ascenso definitivo. El dúo que forman los dos es el ancla de "Torchwood".

¿Qué va a pasar ahora? Russell T. Davies afirma que, si la BBC está dispuesta, él ya tiene en mente cómo podría continuar la serie en la cuarta temporada. Sólo esperemos que tarden menos en decidirse que con esta tercera, porque esa tardanza hizo que perdieran la posibilidad de contar de nuevo con Martha Jones, como sugería el final de la cuarta temporada de "Doctor Who". Chris Chibnall, el showrunner de las dos primeras entregas de "Torchwood", se llevó a Freema Agyeman de fiscal a "Law & order UK". Davies la ha suplido, en parte, con el personaje de Lois Habiba, pero no es lo mismo. Lo único que habría que pedirle es que mantenga la misma línea que con "Children of Earth", esa línea que hace que nos preguntemos, como Adama en la miniserie de "Galáctica", si la humanidad de verdad se ha ganado el derecho a ser salvada.

Música de la semana: Para no irnos de las islas británicas, vamos a quedarnos con su exportación músical más famosa, The Beatles. El nuevo anuncio de Hugo Boss con Sienna Miller utiliza de fondo una de mis favoritas de los Fab Four, "Drive my car".
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