05 octubre 2010

Las reglas de Huddy

ALERTA SPOILERS: Creo que saber qué ocurre en el principio de la séptima temporada de "House" no es especialmente grave, pero por si acaso aún no has visto los dos primeros capítulos, mejor detente aquí.

Mejor no andarse con rodeos. A Gregory House no le gustan, así que la séptima temporada empieza directamente donde acabó la sexta y, además, afronta en los primeros cinco minutos lo que va a ser el tema que vertebre, muy probablemente, todos los capítulos: que House y Cuddy ahora sí que son de verdad Huddy. Y por si nos quedaba alguna duda, se pasan todo el primer capítulo sin salir de casa de House, y casi sin salir de su cama. Se permiten vivir 24 horas en su burbuja, una burbuja en la que ella no es la jefa de House y en la que él no tiene miedo de que la felicidad sea finita y se acabe más pronto de lo deseado. Sin embargo, ambos son muy conscientes de que el camino que tienen por delante no es fácil, y las caras de los dos al despedirse al final del capítulo son muy elocuentes.

¿Y ahora qué? Pues ahora deben comportarse como adultos y buscar unas normas que les permitan trabajar juntos sin estropear su relación personal ni inmiscuirse en sus parcelas profesionales, lo que es casi virtualmente imposible de conseguir. La honestidad completa y brutal puede funcionar, a costa de que sepan encajar el dolor que seguro va a causar. Tratar de ceder ante el otro durante sus consultas profesionales sólo empeora las cosas, así que House y Cuddy van a intentar que su relación funcione sin traicionar quienes son. Para él, es la culminación de todo lo que vivió la temporada pasada, desde su rehabilitación de la Vicodina a las sesiones con su psiquiatra, y un paso con el que la serie llevaba amagando desde la quinta temporada (y antes, pero antes era simplemente una sutil TSNR y Cuddy compartía esa tensión con otras, como Cameron al principio).

Sus responsables afirman que van a explorar esa relación con todas las consecuencias, siendo coherentes con el modo de ser de los dos personajes y, sobre todo, de House, que ya hemos visto que no ha perdido su sentido del humor ni su sarcástica manera de meterse con su equipo. Desde hace tres temporadas, las patas que sostienen todo son House, Cuddy y Wilson, y el centro en ellos se ha ido haciendo cada vez más evidente, hasta el punto que los casos médicos importan tanto como los que Booth y Brennan resuelven en "Bones" (es decir, apenas nada). Sí, la marcha de Trece y sus misteriosos motivos para ello ponen ahí un poquito de intriga, pero tampoco es algo crucial para el devenir de la serie.

Hay muchas habladurías de que, tal vez, "House" no pase de esta temporada. A pesar de que ha sufrido un inevitable desgaste de audiencia, todavía funciona bastante bien los lunes por la noche, y Hugh Laurie tiene aún contrato por una temporada más. No es fácil aventurar si el nuevo camino tomado por la serie conducirá a alguna parte, pero tiene pinta de que va a resultar interesante de ver. Y nunca hace daño ver más a Laurie con Lisa Edelstein y Robert Sean Leonard. Estos tres hacen entretenido incluso un debate sobre la economía del sistema sanitario estadounidense.
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