20 febrero 2011

El beso de la mujer cisne

El infierno son los demás. Eso decía creo que Jean-Paul Sartre, pero en el caso de Nina, la protagonista de "Cisne negro", el infierno es ella misma. Su obsesión por la perfección, la presión a la que está sometida desde esa obsesión suya, desde el director de la compañía de ballet, a esa madre controladora, el ambiente de sacrificio y esfuerzo del ballet y sus propias inseguridades, miedos y represiones, todo eso es el caldo de cultivo perfecto para una película de terror. Porque "Cisne negro" es eso formalmente. El propio Darren Aronofsky ha explicado en alguna que otra entrevista que no tenía muy claro qué película hacer hasta que le contaron de qué iba "El lago de los cisnes"; básicamente, de una chica que se convierte en cisne. Y ahí, el director tuvo su inspiración: "Cisne negro" es una cinta sobre el hombre lobo.

El modo en el que está rodada ya desde la escena inicial sigue ese camino (a lo largo de toda la película, siempre vamos literalmente detrás de Nina, con la cámara pegada a su nuca). Pero aquí los monstruos, los fantasmas, están en el interior de Nina, esa bailarina enfermizamente obsesionada con alcanzar la perfección, con ser la mejor Cisne Reina nunca vista, pero presa de unas represiones que le impiden ir más allá del dominio técnico y sentir la historia y el personaje. Con esa obsesión viene la inseguridad, y la llegada de una nueva bailarina menos técnica, pero con más sentimiento, es el pequeño empujón para que la espita salte, la "mordedura" que inicia su conversión en el hombre lobo. Este monstruo siempre se destacó por permitir que las personas que sufrían la transformación se liberaran de sus inhibiciones y abrazaran sus instintos, con las consecuencias que eso pueda conllevar.

No quiero contar más de la cuenta porque la gracia de "Cisne negro" es dejarte sorprender (y hubo unas cuantas personas en el cine al lado mío que se sorprendieron bastante), especialmente en su tramo final. Está muy bien contada, con esos juegos de espejos y colores, esa estupenda banda sonora de Clint Mansell que juega con las notas del ballet de Tchaikovsky y ese reparto tan bien elegido. Sí, Natalie Portman es la que ancla toda la película y la que, esta vez sí, se hace mayor definitivamente en esta película, dando un recital, pero hay que destacar también a una sensacional Mila Kunis (que hasta se parece físicamente a Portman), una inquietante Barbara Hershey o un magnético Vincent Cassell.

Al igual que en "Pi", la primera película de Aronofsky, "Cisne negro" es el retrato de una enfermiza obsesión, de un personaje del que nunca estamos seguros si todo lo que le pasa es cierto o son imaginaciones suyas, y que emprende un camino hacia una perfección que sólo es posible de un modo.

Música de la semana: Uno de los mashups más controvertidos de "Glee" es el que hicieron para el episodio post-SuperBowl, en el que unían "Thriller", de Michael Jackson, y "Heads will roll", de Yeah Yeah Yeahs. "Thriller" ya la conocéis todos mucho, así que nos quedaremos con la segunda.
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