10 febrero 2011

Dillon forever

AVISO: Esta despedida de "Friday night Lights" se hace antes de ver el último capítulo de la serie (me toca hacer la reseña para "¡Vaya Tele!", así que he preferido no repetirla aquí). Creo que no habrá spoilers si aún no has visto la quinta temporada y tampoco se contará nada demasiado concreto del resto de la serie, por si alguno aún no la conocéis, pero mejor prevenir que pitufar.

La sorprendente supervivencia y resistencia de "Friday Night Lights" en la parrilla estadounidense ha sido una de las historias más comentadas y repetidas en los recordatorios a la serie que han ido surgiendo en la semana en la que se ha emitido su último episodio. Especialmente, se trae a colación porque ha tenido que cerrar casi todas sus temporadas con un final que pudiera servir de broche a todas las tramas, ya que sus bajas audiencias la mantuvieron tres años viviendo al borde de la cancelación continua. El acuerdo entre la NBC y DirecTV para salvarla, tras una segunda entrega cortada abruptamente por la huelga de guionistas de 2007/08, fue una pequeña revolución en el mundillo, abriendo el camino para que otras series, como "Damages", pudieran ser rescatadas del mismo modo, y el gran suspiro de alivio colectivo que se respiró cuando Kyle Chandler y Connie Britton fueron nominados en los últimos Emmy tampoco se ha visto muy a menudo.

Nada de eso habría sido posible si la serie no estuviera a la altura, si no fuera uno de los mejores dramas (a pesar de algún altibajo muy notable) que ha dado la televisión estadounidense reciente, y si no tuviera un puñado de fans que la apoyan con fuerza, además del favor de los críticos. Uno de ellos, James Poniewozik, escribía en la revista "Time" que lo más logrado de "Friday Night Lights" era el sentimiento de comunidad, cómo transmite la sensación de que el espectador está ahí, en Dillon, con los personajes, que sufre y se alegra con ellos y por ellos, y que estos no serían lo que son si no tuvieran tras de ellos al equipo de fútbol, a sus familias, a sus amigos del instituto, a sus vecinos o los feligreses con los que comparten la misa de los domingos. Y todas las historias estaban tan integradas en esa vida diaria de la comunidad que las despedidas de personajes y la llegada de otros nuevos se ha hecho de modo natural, como la vida misma. En la quinta temporada, a veces resulta difícil acordarse que Vince, Becky o Luke no llevan con nosotros desde el principio, y que antes sus puestos los ocupaban Smash, Tyra o Street.

En eso, "Friday Night Lights" es un equipo bien engrasado del que Eric Taylor estaría orgulloso. Aunque el entrenador y su mujer han sido casi desde el principio el centro de la serie, el resto de personajes tenían su importancia y su oportunidad de brillar y, si acaso, uno de los defectos que tiene el show es intentar a veces demasiadas tramas a la vez, que no pueden recibir el cuidado necesario para que cuajen mejor. Pero muchas veces se compensa con su gran capacidad para emocionar, y no sólo a través de esos geniales discursos de Eric en el vestuario para animar a sus chicos cuando un partido se pone difícil. Los silencios que él comparte con Tami, el estoicismo de Tim, la dignidad de Matt, las ganas de escapar y ser mejor de Tyra, la pelea por salir adelante de Vince... La efectividad de todos esos momentos y de esas historias se basa en los pequeños detalles y en cómo los cuidaban actores y cámaras, que tenían en el set una gran libertad creativa.

Más de una vez hemos dicho que en "Friday Night Lights" importa cómo se cuentan las cosas, más que lo que se cuenta, y ese afán por dotarlo de verdad y de hacer que los espectadores se asomen un pedazo de vida cada vez que ven un episodio. Por eso mismo, la serie seguía el mismo lema que los Panthers del entrenador Taylor, y con ojos limpios y corazones llenos, todos sabemos que no se puede perder.
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