07 febrero 2011

La cocina del maquillaje

Además de los realities de "ver a gente no hacer nada" (tipo "Gran Hermano") y los de carreras-competiciones varias (como "Survivor" y las variaciones de "The amazing race"), existen otros que podríamos llamar "profesionales". No son tanto talent shows a lo "Operación Triunfo" o "X Factor", porque ahí la gracia es descubrir a gente amateur que, en este caso, sepa cantar, sino concursos entre gente en su mayoría con cierta experiencia en un determinado campo, que se han preparado específicamente en él, y que acuden al programa buscando su oportunidad de alcanzar el éxito. El primero que inició todo esto fue "Project Runway" con sus diseñadores de moda, y tras él llegó "Top Chef", que casi se ha convertido en un nuevo modelo para hacer nuevos realities.

Desde luego, el que estrenó hace un par de semanas Syfy, "Face off", se parece mucho al de los cocineros de su cadena hermana Bravo, hasta el punto de que Mackenzie Westmore, su presentadora, sigue un poco el estilo de Padma Lakshmi. En realidad, el esquema de intercalar declaraciones a cámara de los participantes comentando lo que está pasando es un truco muy clásico y muy usado por todo el género, pero los parecidos son más de mecánica, con el desafío rápido que da inmunidad al que lo gana y el reto que decide al concursante eliminado. Hasta la música es del mismo estilo. Lo cual no es extraño porque, en el fondo, tampoco hay tantos modos diferentes de hacer un programa de este estilo.

No obstante, "Face off" resulta sorprendentemente entretenido. El montaje acelerado permite que no se hagan largos los varios días que tienen los participantes para resolver sus desafíos (lógico, porque crear esas criaturas no puede hacerse en las cinco horas que a lo mejor tienen en "Top Chef" para cocinar dim sum, o lo que sea), y parecen haber dado con un casting que va a dar juego y, lo que es más importante, un trío de jueces que no se cortan a la hora de comentar los trabajos de los concursantes (alguno de los jueces hasta ha ganado tres Oscars).

Comprendo perfectamente que sea tan fácil engancharse ha este tipo de realities y, especialmente, a "Top Chef" y sus derivados, a pesar de que su principal defecto es que no podemos probar la comida. Tienen buen ojo eligiendo a los participantes, que son gente con talento y un ego bastante saneado, y los jueces tienen en su mayoría personalidades lo suficientemente fuertes para que verlos repartir elogios y críticas sea divertido (Anthony Bourdain es insuperable en esto). Aún no soy más que una iniciada en este mundo, pero sí que me resulta gracioso ver, en algunos de los retos de "Top Chef", cómo el público que prueba a veces los platos de los concursantes habla de texturas y conjunción de sabores como si hubieran estudiado años al lado de Ferrán Adriá en El Bulli.
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