19 mayo 2011

Clásico contemporáneo

Los términos que se usan en moda muchas veces escapan a mi entendimiento, y entre ellos, siempre me ha hecho mucha gracia el concepto del "clásico contemporáneo". Yo lo entiendo como algo que nunca pasa de moda, algo de siempre que, sin embargo, tiene también una modernidad acorde con los tiempos. Quizás mi acepción de ese término puede estar equivocada, lo que es más que probable, pero creo que, en lo que a las series se refiere, se le puede aplicar a la perfección a "The good wife". Ya, ya sé qué se pueden leer varias críticas del final de su segunda temporada y toda ella en su conjunto (como ésta, ésta más hiperbólica o ésta otra), y tampoco quiero incidir demasiado en él, sobre todo porque hace muy poco que comentamos la evolución de algunas de las tramas de la serie, pero teniendo en cuenta lo disfrutable y redonda, en general, que ha resultado a lo largo de estos 23 episodios, no podía dejarla pasar de largo.

En especial, algunos críticos estadounidenses han estado destacando, desde hace algunas semanas, la dirección de sus capítulos, como éstos se presentan visualmente de forma elegante y fluida, clásica porque no se buscan planos rompedores, sino aquellos que mejor reflejen lo que está pasando en la pantalla, dejando que la trama y, sobre todo, los personajes respiren y crezcan de un modo natural. En la web "Salon", de hecho, decían que esa secuencia final del último capítulo, con el ascensor y la tarjeta-llave del hotel, es como "un pequeño toque de Wong-Kar Wai en una serie de la CBS" (he aquí el trailer de "In the mood for love" para que os hagáis una idea, a la fuerza incompleta), y lo cierto es que resume en poco menos de tres minutos gran parte de las virtudes de la serie, desde esa realización elegante a unas interpretaciones relajadas y sutiles, en las que las miradas dicen mucho más que las palabras.

"The good wife" es, ya lo hemos dicho más veces, una serie hecha a la vieja usanza pero, probablemente, una de las que mejor refleja el pulso de una sociedad contemporánea en la que la vida privada ya no es tal, y si eres un personaje público, aunque sea de modo indirecto, todavía lo es menos. Todo el mundo puede enterarse de lo que haces si vas dejando pistas de ello en Internet (Kalinda rastrea a un sospechoso a través de sus actualizaciones en Foursquare, por ejemplo), y cualquiera con un teléfono móvil con cámara puede convertirse en paparazzi de la gente que se encuentre por la calle, por muy anónimos que sean. YouTube, Twitter, los blogs y Facebook son herramientas que han trascendido la mera utilización como "comunidad", como modo de conectar y compartir cosas con nuestros amigos, y han pasado a ser usadas como armas en las campañas políticas, por ejemplo, y como medios hasta de subversión.

Y en medio de todo esto nos encontramos una historia no sólo sobre la dificultad de conciliar y compartimentalizar la vida pública y la privada, sino sobre la ambición, el uso del poder en todas sus facetas o la traición y el amor, interpretada por personajes que, conscientes de que muchos ojos les observan, prácticamente nunca bajan la guardia ni dejan escapar sus verdaderas intenciones. Lo notable del gran reparto que ha reunido "The good wife" es que es posible saberlo gracias a pequeños detalles, y hasta grandes dominadores de las caras de póker, como Kalinda y Eli Gold, en realidad son bastante transparentes; la elevación de una ceja o la sombra de una sonrisa los termina delatando.

No es una serie perfecta porque muy pocas, o casi ninguna, pueden serlo, pero su asunción de que los espectadores no somos idiotas y el cuidado que pone en todos los detalles la acercan a ese estándar. Es compleja, con un subtexto soterrado por debajo de muchas de las imágenes que aún la convierte en más entretenida, y aunque a veces es obligado aplicar fanesia en algunas cosas (Hugo Chávez... Ejem), siempre te da otras que lo compensan con creces. Y es, de remate, tremendamente divertida. Todo esto, por supuesto, siempre in my opinion.

P.D.: Ya que "In the mood for love" ha salido mencionada, os dejo la versión de Louis Armstrong de esta canción, simplemente porque sí.
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