26 mayo 2011

Los años dorados

Antes de "Midnight in Paris", Woody Allen ya había rodado en la capital francesa; el final de "Todos dicen 'I love you'" transcurre, precisamente, en una celebración de Nochevieja allí, con dos de sus protagonistas bailando a orillas del Sena. En esa película (que creo que fue la primera vez que Allen rodó fuera de Estados Unidos), también había chistes clarísimos sobre los republicanos, pero menos nostalgia por tiempos pasados y por mundos idealizados que nos permiten evadirnos de los problemas de nuestro presente. En el valor de la nostalgia, o su falta de él, se centra "Midnight in Paris", de la que resulta muy difícil hablar sin desvelar más de la cuenta y, por tanto, estropear la diversión de ir descubriendo con Gil, su protagonista, lo que París puede ofrecerle (justo ese estropicio, por cierto, lo hizo el 90% de las críticas que se escribieron en su pase en el festival de Cannes. Y luego nos quejamos de que anunciar que un actor se va de una serie es spoiler).

Obviando el giro a mitad de la película, que lleva a un montón de referencias y homenajes igual demasiado cultos para un público medio, sí se puede decir que es cierto, Allen rueda una postal y una carta que declara su fascinación por esa ciudad, y que consigue que la cinta se pase de un modo ligero y simpático. Owen Wilson es un alter-ego del director muy efectivo sin ser tan neurótico ni histriónico como otros (Kenneth Branagh en "Celebrity", por ejemplo), y nos lleva sin esfuerzo con él por su paseo por la noche parisina y por su decisión de si prefiere perseguir sus sueños o centrarse en lo que le reporta más dinero. También Rachel McAdams y Michael Sheen están muy bien en sus papeles de la novia pija y el profesor pedante y pagado de sí mismo, y hay una lista muy larga de actores en pequeños papeles que resultan realmente simpáticos. Hay quien la ha comparado con "La rosa púrpura de El Cairo", más por el tono, pero no hay que crearse esas expectativas.

Cuando uno acude a la cita anual con Allen en el cine, ya sabe lo que va a encontrar. Las quejas de que sus películas a partir de finales de los 90 son obras menores ya están pasadas de moda, francamente, y de hecho parecen vivir justo del cariño por la nostalgia que "Midnight in Paris" critica y abraza al mismo tiempo. A veces son más divertidas, otras veces, más dramáticas, o más ingeniosas, o encuentran todavía cosas originales tras casi cuatro décadas dedicado al cine, o resultan más aburridas; es el precio de que Allen no quiera descansar y siga su ritmo de una película al año, rodada allá donde le dén el dinero (la próxima es en Roma). Es un poco un vestigio de un cine que cada vez se hace menos, basado en los diálogos, los personajes y el trabajo de los actores, y que confía en que no necesitamos que nos estén explicando cada cinco minutos qué pasa para seguir la trama.

Será un "Allen menor" (qué pereza da esa expresión), mostrará un París de turistas (como el Nueva York de "Manhattan", mismamente, y no me digáis que no, porque sus personajes se mueven por todos sus lugares más emblemáticos) y se le podrán poner todas las pegas que queráis a la historia; consigue que salgas del cine con una sonrisa. A veces, puede valer con eso (si buscas otra cosa, mejor te dedicas a ver películas de Theo Angelopoulos).
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