23 mayo 2011

Nunca salimos de la Isla

Como nos han recordado a través de tuits y blogs varios, hoy se cumple un año del final de "Perdidos" (y también del cierre definitivo de "24"). En todo este tiempo, los ánimos entre los detractores y los defensores de dicho final no sólo no se han calmado, sino que parecen seguir igual de enquistados y radicales (e intransigentes) que entonces. Con echar un vistazo rápido a los comentarios de esta entrada, podemos hacernos una idea de que el tiempo no cura las heridas sino que, en este caso concreto, lo que parece es que estamos en el Día de la Marmota, y no hay modo de escapar de ese bucle.

Y el caso es que semejante controversia es, probablemente, lo que habla bien a las claras del legado de la serie y del apasionamiento con el que la seguían sus espectadores, ya fuera para alabarla o para criticarla. Cualquier serie nueva con un mínimo componente de misterio y serialización es comparada enseguida con "Perdidos", y en cuanto en alguna veterana aparecen elementos, aunque sean mínimos, de viajes temporales, la comparación ya hasta deja de ser divertida. Tras su fin, no ha habido otro título que capture del mismo modo la atención de los fans ni que encienda Internet con discusiones de los fotogramas de los episodios, aunque sí hay algunos siguiendo su senda en ese aspecto, y hasta para algunos espectadores parece que, antes de "Perdidos", la ficción televisiva no existía. Es innegable que su mayor influencia está en el modo en el que se ven y se disfrutan las series actualmente, y para saber si se extenderá a más ámbitos, aún hay que esperar un poco más para averiguarlo.

Lo que me resulta curioso es que los que ponen más pasión en sus comentarios sobre la serie y están continuamente sacándola a colación, aunque no venga a cuenta, son aquellos que odiaron el final. Uno pensaría que, en ese caso, ya no volverías a pensar más en ella porque, al fin y al cabo, te decepcionó y te hice sentir que perdiste seis años de tu vida, pero parece que no es así. La segunda temporada de "Prison Break" me hizo sentir un poco así, pero una vez que se acabó y la abandoné, ya no le dediqué más pensamientos. No obstante, es posible que el nivel de obsesión que había con "Perdidos" no pueda compararse con las peripecias de Michael Scofield, por supuesto, lo que conlleva una respuesta mucho más cerval.

Ya se ha hablado tanto de la serie que, la verdad, es difícil aportar algo nuevo. Como mucho, lo que se puede hacer es recomendársela a quien no la haya visto, diciéndole que intente abstraerse de todo el ruido generado a su alrededor y que, simplemente, se deje llevar, que no se preocupe por dónde puede acabar todo lo que está viendo porque el viaje es realmente entretenido. Es el mejor modo de disfrutar una serie, cualquier serie.
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