06 mayo 2011

No puedes huir de Harlan

ALERTA SPOILERS: Como de lo que se va tratar aquí es del final de la segunda temporada de "Justified", igual es mejor que no sigais leyendo si no lo habéis visto y no sabéis qué tipo de "tarta de manzana" gusta en el condado de Harlan.

En muchos westerns, el conflicto principal de la historia, el que acaba desembocando en el inevitable tiroteo final, suele ser una disputa entre un par de familias. Puede ser por tierras, por ganado, por una partida de póker o por un desaire a algún hijo, pero en cuanto el resquemor empieza a anidar, sólo se concibe una forma de arreglarlo; derramando sangre. Además, hasta cierto punto, cada familia es su propio reino de taifas y, por tanto, se toman en su mano administrar justicia, o directamente venganza, de los agravios que crean haber sufrido. No sólo los Bennett son así en el condado de Harlan. Es también el modo de operaciones de los Crowder y de los Givens, los tres clanes enfrentados en diferentes disputas entre sí desde generaciones atrás, cuyos acuerdos para enterrar las hachas de guerra son tan frágiles, como la escarcha del principio del invierno sobre un charco. Y cualquiera que se vea envuelto en medio, saldra trasquilado.

Esa forma de actuar es parte de ellos y no se puede olvidar ni descartar. Puedes sacar al chico de Harlan, pero no puedes sacar Harlan del chico. Lo poco que vimos de Raylan en Miami al principio de la serie nos confirma que, por muy lejos que esté, siempre actuará bajo ese código que aprendió en las colinas mineras de Kentucky. Por eso acaba volviendo siempre, incluso aunque en este caso sea para evitar que Loretta, esa adolescente que tanto se acaba pareciendo a la protagonista de "Valor de ley", se adentre más por ese camino que Raylan y Mags eligieron hace tiempo, y del que ya no se pueden apartar. Desde luego, la matriarca de los Bennett ha sido una de las razones por las que esta segunda temporada ha superado todas las expectativas que pudiéramos tener. Hasta los casos autoconclusivos del principio no lo eran tanto, porque todos acababan relacionados de algún modo con los Bennett, generalmente con Dickie o Coover, esos dos hijos cuya cortedad mental (en uno más que en el otro) y mezquindad les lleva a cometer todo tipo de actividades criminales, siempre huyendo hacia delante y sin pararse a pensar en las consecuencias.

Porque, en esta serie, toda acción tiene sus consecuencias y hay que estar dispuesto a lidiar con ellas. El dinero que Winona roba del armario de las pruebas no sólo la pone en peligro en ella, sino también su relación con Raylan y la de éste con Art, un secundario que esta temporada se ha agrandado todavía más sin tener demasiadas escenas (aunque sí tuvo un capítulo casi para él solo). Y que Mags envenene al padre de Loretta la deja expuesta a que, por mucho que se preocupe de ella y quiera cuidarla, acabará siendo objeto de su venganza. Si se disparan balas, acaban en alguna parte, o en alguien, y si te has ganado fama de criminal brillante, nadie creerá que quieres cambiar, como le ocurre a Boyd, otro que se ha ganado su puesto entre los secundarios imprescindibles. Al final, parece que se harta de que nadie lo tome en serio y decide darle al mundo lo que pedía de él, un Crowder dedicado a la delincuencia variada.

Esta segunda temporada de "Justified" no puede resumirse en cuatro o cinco párrafos. Está llena de detalles, de tramas que se cruzan sin que unas pierdan fuerza ante otras, de unos secundarios mejor aprovechados que al principio (Rachel se reveló en un capítulo como una marshall a tener en cuenta si le dieran un poco más de cancha), de acciones que parecen insignficantes pero acaban teniendo unas ramificaciones inesperadas... En el centro sigue estando Raylan, un gran compendio de Humphrey Bogart y John Wayne, siempre al borde de convertirse en alguien como Boyd, y con unos diálogos simplemente sensacionales. Los Emmy la ignorarán de nuevo, pero todos los elogios hacia la serie están más que justificados.
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