02 noviembre 2011

Las decisiones de Lady Mary

ALERTA SPOILERS: Sólo falta un capítulo para que termine la segunda temporada de "Downton Abbey" (o dos, si contamos el especial de Navidad), y si no sabéis qué decisiones ha tomado Lady Mary Crawley, y las consecuencias que pueden acarrear (y qué tiene que ver "Heidi" en todo esto), es mejor que no sigáis leyendo.

La crítica de televisión de "The Guardian" decía, en su reseña del séptimo capítulo, que el retrato que Michelle Dockery ha hecho de Lady Mary ha salvado casi en solitario la segunda temporada de "Downton Abbey" del desastre. Yo no diría tanto (creo que muchas de las críticas están bastante salidas de tono), pero sí es cierto que la hija mayor de los condes de Grantham se ha convertido en el personaje más interesante de esta segunda entrega, dejando ver las fracturas en su exterior de mujer fría y superficial. Es posible que en el último podcast de "Yo disparé a J.R." comentáramos precisamente donde reside el quid para apreciar la importancia de este personaje, que no es más que cómo su lenguaje corporal y su mirada desmienten las palabras que salen de su boca.

Gran parte de los shippers de la serie están obsesionados con la historia de amor entre Anna y Bates, y la otra parte se muerde las uñas pensando en si Lady Sybil y Branson podrán estar juntos (en el último capítulo, al menos, se besaron por fin y hasta amagaron con fugarse. Es un avance), pero la relación más interesante ha sido la de Mary y Matthew después de que ella terminara rechazándolo como futuro marido al final de la primera temporada. Mientras él se va al frente francés en la Primera Guerra Mundial, ella tiene que empezar a pensar en asegurar su futuro, un futuro que sólo puede lograr consiguiendo un buen marido y si consigue que su aventura, de desgraciado final, con el hijo del diplomático turco no salga a la luz y no pase de meros rumores. La herencia de su padre está fuera de su alcance, así que debe ser realista y aspirar a alguien con dinero. El problema es que, al aliarse con Sir Richard Carlisle, se ha metido en un avispero que escapa a su control.

La cortante frase que suelta en medio de una reunión familiar de que cada uno está atado a las decisiones que toma está revestida de no poca amargura, porque se ha dado cuenta que su plan de futuro es mucho más imperfecto de lo que ella pensaba, y no sólo porque todavía esté enamorada de un Matthew que no se entera de la misa la mitad. Carlisle es un magnate de la prensa sensacionalista con todo lo que eso conlleva, y aplica los mismos escrúpulos (ninguno) a una vida privada que también ve como un negocio. Es muy posible que Mary contemplara del mismo modo su matrimonio, como una alianza comercial, y aunque parece dispuesta a seguir hasta el final y asumir plenamente las consecuencias de su decisión, está claro que en el fondo se arrepiente profundamente de ello.

Mary siempre ha sido uno de los personajes más realistas de "Downton Abbey", uno que sabe bastante bien cuáles son sus posibilidades y su posición en su mundo y que, muchas veces, lo exterioriza a través de esas frases cortantes que parecen provenir de un corazón de hielo seco. Pero sus caras en las cenas revelan que la realidad no es exactamente así, que aún queda algo de la niña que le decía a Carson que iba a robar la plata para escaparse de casa dentro de la heredera que, por ser mujer, no puede heredar.
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