12 noviembre 2011

La liga de las guapas subestimadas

Una de las historias que se repiten más a menudo sobre el camino más fácil para que una actriz gane un Oscar (además de participar en una película sobre el Holocausto) es que interprete a un personaje con un físico poco agraciado, que se meta en la piel de una mujer fea, lo que quiere decir que ella tendrá que afearse. Es una teoría muy superficial, desde luego, pero sus defensores ponen como pruebas a Charlize Theron en "Monster", Halle Berry en "Monster's ball" o la nariz falsa de Nicole Kidman en "Las horas". Si una actriz es guapa, parece que la percepción pública que se tiene de ella es negarle el talento. Marilyn Monroe era una gran actriz cómica (aunque ella siempre tuvo otras aspiraciones que le impidieron disfrutar de lo que tenía), pero lo que se vendía de ella era el 90-60-90.  Analizar por qué esto es así no es tema para una entrada en un blog que habla de televisión (hay estudios muy sesudos al respecto, y gente mucho más preparada que lo explica mucho mejor que yo), pero nos lleva a esas actrices cuya belleza a veces es más un impedimento que una virtud.

Crítico en serie las llama "la liga de las guapas infrautilizadas", o algo así; gente que tiene talento y lo ha demostrado en alguna que otra ocasión, pero que siempre acaba en trabajos inferiores a ese talento, y utilizada a veces como poco más que una "mujer florero", y sólo reconocida por su aspecto físico. La presidenta de esa liga es Eva Longoria, que en "Mujeres desesperadas" ha protagonizado grandes momentos cómicos (la segunda temporada de Gabrielle fue antológica), pero que siempre se quedaba fuera cuando llegaban las nominaciones y los premios. Felicity Huffman y Teri Hatcher tienen, respectivamente, un Emmy y un Globo de Oro por su trabajo en la serie, pero Longoria sólo consiguió estar nominada a éstos últimos una vez, en 2006 (un año en el que todo el reparto de la serie acaparó la categoría de mejor actriz de comedia). La imagen de "bomba latina" es bastante difícil de sacudirse.

Un claro y reciente ejemplo de esto es Shelley Conn en "Terra Nova". Dejando de lado todas las cosas que no terminan de encajar de la serie, la doctora Shannon es uno de los personajes más infrautilizados de todos, y cualquiera que haya visto a Conn en "Mistresses" sabe que es un trabajo muy por debajo de sus posibilidades. Es algo que también tiene que afrontar Tricia Helfer, que dio un recital en "Battlestar Galactica" con todas aquellas versiones de Seis (y que luego fue una villana deliciosamente misteriosa en "Burn notice"), pero que está claro que Hollywood no sabe qué hacer con ella. De vez en cuando, también le pasa esto a los actores, pero son los menos, porque la imagen que se construye de la mujer siempre pide más de ella que de los hombres.

En la primera mesa redonda de "The Hollywood Reporter" sobre los principales nombres de esta nueva temporada de premios, centrada en las actrices, Viola Davis expone un punto muy interesante sobre las percepciones que se tienen de las actrices, en general, y de las actrices negras, en particular, señalando que lo que se espera de ellas son personajes muy maternales, muy simpáticos, si no quieren que la comunidad negra las critique por pintar un retrato negativo de ellas. Davis defiende la libertad artística de crear personajes con matices, difíciles, que pueden ser buenos y malos al mismo tie,mpo, personajes que son más seres humanos que sólo arquetipos. Esas presunciones son las que acaban creando cosas como la liga de las guapas subestimadas. En una entrevista con "The Guardian", Mindy Kaling (que no sólo es actriz en "The Office", sino que también es guionista y ha dirigido varios episodios) se queja de esa asociación prejuiciosa de que si le gustan cosas "de chicas", como ir de compras o las comedias románticas, tiene que ser idiota.
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