22 marzo 2009

El molde de William Munny

"Sin perdón" es, sin duda, la cima de la obra como director de Clint Eastwood. Un western que presenta una nueva cara del típico pistolero solitario que llega a un pueblo a impartir justicia (no muy diferente del Predicador de "El jinete pálido"), una cara que conocemos (o intuimos) en William Munny, el despiadado matón retirado por amor que vuelve a desempolvar sus armas y su fiereza por una cuestión de justicia, por dinero y porque su mujer ha muerto. Pero Munny es hiératico e impenetrable, es el único tipo al que nunca llegamos a conocer bien, aunque sospechamos que algo hay debajo de su reputación de "notorio ladrón y asesino" para que su mujer se casara con él. Tal vez los dos textos con los que empieza y termina la película nos digan más de Munny entre líneas que cualquier otra cosa.

El caso es que el Walt Kowalski de "Gran Torino" me recordó en más de una ocasión a William Munny. Y no sólo porque los dos decidan perseguir un acto de justicia que, en otras condiciones, igual no habrían hecho porque habrían sido ellos los que atemorizaban al barrio. El paralelismo entre la viudedad de los dos y la larga sombra que su mujer arroja es muy evidente, del mismo modo que sabemos que, aunque quisieran, nunca podrán escapar del peso de sus acciones pasadas.

"Gran Torino" puede ser la última vez que Eastwood se ponga delante de las cámaras. Detrás de ellas, ya está rodando "The human factor", en la que seguramente seguirá demostrando su clasicismo y su directa manera de contar una historia, sin aspavientos innecesarios, yendo al grano y sirviéndose de una sencillez mucho más complicada de lograr de lo que parece. "Gran Torino" es así. Con una historia en apariencia obvia, es el modo de contarla lo que la hace diferente. No hay banda sonora que puntúe los momentos dramáticos o más divertidos, bastantes personajes son diferentes de lo que parecen a simple vista (el cura, por ejemplo), no se predica el mensaje de la película, tú puedes entender lo que quieras de ella.

Música de la semana: Primero, una curiosidad, la canción "Gran Torino" no sólo incluye al propio Eastwood susurrando los primeros versos antes de que empiece a cantar Jamie Cullum, sino que en su composición también participa su hijo Kyle, responsable en esta ocasión de la música de la película junto a Michael Stevens. Y como selección musical, nos vamos a quedar con ese "Dirty Harry" de Gorillaz que refiere al personaje más famoso que Eastwood ha interpretado. "Vamos, alégrame el día".
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