14 marzo 2009

Asesinato, escribió él

Nathan Fillion es de esos actores que harían entretenida de ver hasta la lectura del Diccionario Panhispánico de Dudas. También acarrera una fama de series killer que no le viene nada bien a "Castle", la serie que la ABC estrenó esta semana y cuyo piloto deja una sensación de dejà vú que ni siquiera el encanto de Fillion puede mitigar. ¿Un escritor que colabora con la policía resolviendo casos? Jessica Fletcher lo hizo antes. ¿Un primer caso en el que los asesinatos son iguales que los de los libros de un famoso escritor? Historia antigua. Sin ir más lejos, en la segunda temporada de "Bones" hubo uno así (con reminiscencias de "Extraños en un tren"). ¿Una pareja de investigadores que no pueden ser más diferentes entre sí, pero que están obligados a trabajar juntos? Como diría Barney Stinson, please. Y ya, la guinda del pastel. ¿Él, excéntrico, y ella, seria y profesional? Crews y Reese en "Life" son mejores (aunque casi no los vea nadie).

Lo de la chispa de la tensión sexual no resuelta no se puede planear, a no ser que "Castle" encuentre de repente su "Hielo", el capítulo de la primera temporada de "Expediente X" en el que la atracción entre Mulder y Scully se hace por primera vez no ya evidente, sino que puede hasta tocarse. No tiene por qué ser un problema. Entre Crews y Reese no hay TSNR, pero tienen química. No todos pueden ser como Brennan y Booth. ¿Cómo podemos saber que entre esos dos personajes existe esa chispa? Cuando por separado pierden parte de la gracia que tienen juntos. En "Castle", la detective Beckett está demasiado encorsetada en el papel de la policía seria y by the book, que dicen los yanquis, hasta el punto de que Castle es más divertido con su hija y su madre (que es Susan Sullivan; postrémonos todos ante Maggie Channing, que muere porque se le engancha el anillo en el sumidero de la piscina). La descripción que House hace de Cameron al principio de "House" ("las mujeres hermosas sólo estudian medicina si tienen tantos problemas como belleza") se podría aplicar a la disección que Castle hace de Beckett casi al milímetro. Sí, hay algunos detallitos simpáticos entre ellos aquí y allá, pero de momento no funcionan tan bien juntos. Ya pueden irse buscando unos casos tan bien hilados como los de "The Closer".

Hay margen de mejora, claro. Hasta en "El mentalista", donde la falta de química entre Robin Tunney y Simon Baker es evidente, el tema es más entretenido al potenciar la relación de Patrick Jane con el resto de policías del grupo. A esa serie le pasa como a "Castle". Lisbon es demasiado seria y lo que es peor, demasiado evidentemente seria. El retrato que Sarah Shahi hace de Reese es mucho más sutil, y si bien es cierto que al principio puede dejar un poco frío, va ganando enteros con el paso de los capítulos. Lisbon sigue igual que al principio, y habrá que ver si a Beckett le pasa lo mismo o si toma el camino de Reese, o de Scully, otra mujer profesional con gran control de sus emociones, que va evolucionando y dejando ver lo que hay debajo de esa fachada poco a poco.

El caso es que ser original en un policíaco no es fácil. "Law & Order: UK", por poner un ejemplo, tiene además el agravante de pertenecer a una franquicia tan establecida y conocida como "Ley y orden", pero he de decir que no está mal. Optan por un acercamiento sobrio, casi sin banda sonora, mostrando cómo los acusados se derrumban en el banquillo durante el juicio, con una iluminación fría y empezando a sacar provecho de los escenarios urbanos que Londres puede proporcionar. Los policías resultan entretenidos de ver.

P.D.: Ya que Nick Castle está modelado según esos escritores de novela criminal que son best-sellers en EE.UU., ha sido un punto verlo jugando al póker con dos de ellos, James Patterson y Stephen J. Cannell (cuyo detective se llama, por cierto, Shane Scully). De los dos sólo he leído un libro de Patterson, "La hora de la araña", durante la época en la que me leí un montón de los libros protagonizados por Kay Scarpetta. La forense de Patricia Cornwell me gustaba más.
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