29 marzo 2009

Dios está en los detalles

"El buen dios está en los detalles". Es una frase que se atribuye a Gustave Flaubert y que luego hizo aún más conocida el arquitecto Mies Van Der Rohe. En ambos casos, se refiere a que es en esos detalles donde está la posibilidad de hacer algo diferente, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades. Estos días me he dado un verdadero maratón de series de policías (incluyendo "Red Riding", que es otra cosa muy diferente, y de la que ya hablaremos cuando la termine), de las que me suena que ya dijimos que, en parte, son todas prácticamente iguales. Sólo son esos pequeños y elusivos detalles las que pueden "salvarlas" y diferenciarlas del resto del grupo o, al menos engancharte para que sigas viéndolas.

"Law & Order UK" está resultando un transplante bastante fiel de la "Ley y orden" original a las calles de Londres. Tiene sus alusiones locales (al West Ham United o al gobierno de Margaret Thatcher), pero viene a ser una digna heredera de la serie de la NBC. Le vendría bien un poco de personalidad propia, pero por ahora, no está mal. Apenas hay banda sonora, está rodada cámara en mano y, muchas veces, en la calle, y sí ha logrado que los tres policías sean mucho más entretenidos que los fiscales. De hecho, éstos están mejor cuando interaccionan de algún modo con los policías, incluyendo ligerísimas insinuaciones del personaje de Jamie Bamber al de Freema Agyeman. Pero en esta serie lo que importa es el caso y, aunque no lo parezca, cómo afecta a los acusados, a los testigos, incluso a veces a los propios implicados en su resolución. "Law & Order UK" sería el policía by the book, el que siempre sigue las reglas de esas clásicas parejas de investigadores en los que uno es serio y el otro excéntrico.

"Castle" intenta ser ese compañero peculiar, lo mismo que "El mentalista", pero falla justo en la parte en la que el procedimental de la CBS ha acertado; en los secundarios, y más concretamente, en el equipo que trabaja con la policía protagonista. Aunque ninguna de las dos puede evitar los deja vu hacia otras series. La relación entre Beckett y Castle quiere, y no puede, ser como la de Brennan y Booth en "Bones", y la niñera encontrada en la lavadora de hace dos semanas bien podría haber sido uno de esos asesinatos en sitios peculiares que se han convertido en la especialidad de "Life". Del mismo modo, el cadáver que cae del cielo en medio del desierto en el último capítulo de "El mentalista" era muy "CSI" (sólo que ellos encontraron un buceador encima de un árbol, pero tampoco vamos a ponernos quisquillosos). Éstos han conseguido que las interacciones entre los investigadores del CBI sean mucho más entretenidas que al principio, incluso la relación entre Jane y Lisbon es menos fría que antes (aunque Robin Tunney siga siendo muy sosa), y se han sacado la manga la situación más divertida de seguir; el "quiero y no puedo" (will-they-won't-they, dicen los yanquis) entre Rigsby y Van Pelt. Ahí está la TSNR de esta serie.

Respecto a "Castle", soy fan de su madre y de su hija, por muy arquetípicas que sean con sus papeles intercambiados, y Beckett sigue sin convencerme. Es una serie totalmente inocua, más divertida en estos siguientes episodios que en el piloto, pero por esa cualidad de 27% de Nathan Fillion. No acabo de ver la pareja que forman Fillion y Stana Katic y, como he dicho, sus dos compañeros a veces son demasiado cabezas-cuadradas hasta para ser policías. A Fillion le pasa un poco como le ocurría a Damian Lewis al principio de "Life", que él era toda la serie. Ahora, es inconcebible ver a Crews sin Reese (SPOILER: Otra que, como Olivia en "Fringe", acaba de ser scullyeada. No hay mejor manera de ocultar un embarazo que un secuestro, ¿eh?).

Dicho todo esto, tampoco es un secreto que, para mí, la mejor serie de policías actual es "The Closer", pero hasta el mes de junio no empezará la quinta temporada. Ésta sí que exprime bien ese "Dios está en los detalles".

P.D.: No he podido resistirme. La foto corresponde al coche que Patrick Jane conduce, un Citroën DS21, también conocido como "tiburón". Es coche de mal de James Bond, ¿o no?

Música de la semana: El último episodio de "Perdidos" nos enseñó a Oldham, el torturador residente de la Iniciativa Dharma en 1977. Su apellido, por cierto, puede referirse a un buen montón de cosas; desde músicos, a una ciudad industrial del norte de Inglaterra, un condado de Texas o una empresa de productos químicos. Hay quien cree que, no obstante, hace referencia a Will Oldham, más conocido como Bonnie "Prince" Billy, un actor y cantautor estadounidense. Pero no va a ser su música la que elijamos, sino "I can't give you anything but love", el standard de jazz, en versión de Billie Holliday, que Oldham escucha cuando Horace y su grupo le llevan a Sayid.
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