17 marzo 2009

La fe y la ciencia

AVISO: El revival de "Expediente X" se detiene en la cuarta temporada. Como de costumbre, tened en cuenta que, siendo esto un revisionado y habiendo terminado la serie hace ya siete años, seguramente se dejarán caer cosas de temporadas posteriores. Sólo por si acaso.

¿Es todo un gran engaño? ¿Está Mulder siendo utilizado? ¿Es éste el fin de los expedientes X? Esa última pregunta siempre planeó sobre todos los finales de temporada (o casi todos), pero el de la cuarta deja una extraña sensación no ya por el nuevo amago de hacernos creer que Mulder está muerto (esta vez no en un vagón en llamas en medio del desierto, sino de un disparo en la cabeza, hecho por él mismo), sino por otras dos cuestiones que se dejan en el aire: la revelación de que, tal vez, la Conspiración que Mulder intenta desvelar no sea más que un gran montaje, y el cáncer inoperable y posiblemente terminal de Scully.

La enfermedad de Scully tiene perfecta lógica después de los hallazgos sobre otras abducidas que ella hace en la tercera temporada, y fue una de las principales razones de que Gillian Anderson se llevara el único Emmy importante que ganó la serie (que, sin embargo, tiene el récord de tres Globos de Oro seguidos al mejor drama. Anderson hizo pleno ganando el Globo y el premio del Sindicato de Actores). Además, es una evolución del tono más oscuro y serio que adopta la temporada desde el principio, desde ese malsano "Home", con unos cuantos casos más gore de lo habitual y otros que apuntan directamente a los temores e inseguridades de Scully y a la obsesión de Mulder por averiguar qué ocurrió con su hermana. En ese último frente, "Paper hearts" y "Demons" son dos ejemplos muy sólidos.

En esta cuarta temporada, al hablar de Scully, hay que referirse a otro ejemplo de programación creativa de Fox. En la exploración de la relación entre los dos agentes que se lleva a cabo en estos episodios, Glen Morgan y James Wong escribieron uno que lidiaba directamente con la insatisfacción y la sensación de estar atrapada de Scully, cómo su lealtad hacia Mulder entra en conflicto con sus ganas de llevar una vida independiente de él. Ese capítulo era "Never again", y en el orden de emisión original, tendría que haber sido el inmediatamente anterior a "Leonard Betts". Sin embargo, Fox emitía ese año (1997) la Super Bowl y quería que "Expediente X" (que había pasado a emitirse los domingos) ocupara el horario posterior con, precisamente, ese episodio, así que el orden de emisión de "Never again" fue alterado. Al final de "Leonard Betts", el enfermero que se alimenta de tumores cancerígenos nos desvela que Scully tiene cáncer al decirle aquello de "perdone, pero tiene algo que yo necesito", por lo que parece que los eventos de "Never again" están motivados por el diagnóstico de esa enfermedad, cuando no es así.

El cáncer, claro, sirvió para dotar de más capas la relación entre Mulder y Scully, especialmente en la manera en la que nos muestran cómo se preocupan el uno por el otro, pero cómo esos sentimientos nunca se expresan (la consumación de su relación tres temporadas más adelante, de hecho, pasa fuera de cámara). También sirvió para sellar definitivamente la alianza de los dos con Skinner, que vende su alma al Fumador por una cura que no llega (habrá que esperar al principio de la quinta temporada), y para servirse de un recurso sutil y elegante para mostrarnos el avance de la enfermedad en Scully: primero, con el "diagnóstico" de Betts y, después, en "Elegy" con esos fantasmas que sólo pueden ver quienes están a punto de morir.

Sobre la relación (y el shipping, si queréis) entre Mulder y Scully a partir de esta temporada habría para escribir un libro. Está claro que su lazo es más fuerte que al principio (parte de "The field where I died" parece probarlo), pero sigue habiendo muchas cosas por resolver, y por hablar, entre los dos. Como curiosidad, en "Memento Mori" llegó a rodarse un beso, que no estaba en el guión, entre Mulder y Scully, beso que se eliminó rápidamente porque, según Chris Carter, pretendían "engañar" a los fans con él en la película (en ella, por cierto, Mulder y Scully sí se besan en el pasillo, pero sólo como una broma de Duchovny y Anderson para las tomas eliminadas). También hay algunos shippers que interpretan la evidente incomodidad de Mulder en "Kaddish", sobre todo ante el especial anillo matrimonial, a la idea de terminar perdiendo a Scully, como le ocurre a la protagonista del episodio con su marido.

Como digo, hay mucha tela que cortar en esta temporada. La Conspiración empieza a enredarse de manera definitiva con el doble juego de Marita Covarrubias (que nunca me gustó, por cierto), las abejas asesinas y los clones de Samantha Mulder. De todos esos episodios mitológicos, los mejores, para mí, son los del regreso de Max Fennig, el peculiar abducido de la primera temporada, incluso aunque en ellos perdamos al agente Pendrell. Lo que sí quedó muy claro es que la serie era el mayor éxito de Fox, la serie con más audiencia, audiencia que tocaría techo en la quinta entrega.

Destacados: La cuarta temporada se emitió entre el 4 octubre de 1996 y el 18 de mayo de 1997. Los mejores capítulos, para mi gusto, son el ya mencionado "Home", "Unruhe" y su lobotomizador en serie, "Paper hearts" (en el que un psicópata hace creer a Mulder que raptó y asesinó a su hermana), el dúo "Leonard Betts" (con Paul McCrane antes de ser el doctor Romano)-"Memento Mori" (aunque no se emitieran seguidos), "Tempus fugit" y "Max", "Demons" y, por supuesto, "Small potatoes", el único episodio humorístico de la temporada y que consigue unir todos los elementos que hacían destacar la serie de la misma manera que "El descanso final de Clyde Bruckman" lo hace en la tercera entrega. Ese hombre en apariencia anodino (interpretado por Darin Morgan) que puede adoptar la forma de otros hombres y seducir a sus mujeres deja un buen montón de gags y un final especial para los shippers. Lo que puede dar de sí una botella de vino.

P.D.: Ésta ha sido la primera temporada que he visto en versión original, y aunque el doblaje español de Mulder y Scully está logrado, es inevitable que se pierdan muchas de las sutilezas que imprimen Duchovny y Anderson sólo con la modulación de sus voces. Y sólo como curiosidad, Scully ya estableció en su tesis de graduación lo mismo que Daniel Faraday sostiene en "Perdidos": el futuro no se puede cambiar.

Actualización: Porque Crítico lo ha pedido, el título de la entrada viene de aquí.
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