09 febrero 2010

Chutes de adrenalina

Si hay una película favorita para la próxima edición de los premios Goya, que se entregan el domingo, es "Celda 211" (de un Daniel Monzón al que yo recuerdo de crítico en "Días de cine" hace mucho tiempo, no me acuerdo si cuando lo presentaba Aitana Sánchez-Gijón). La tensión que consigue ese motín carcelario en el que sus impulsores no tienen nada que perder es realmente encomiable, sobre todo porque no llega a decaer en ningún momento. La brutalidad, las ansias de revancha presentes en los dos lados y las implicaciones políticas y sociales de la trama se van hilvanando sin descanso, pero todo queda ensombrecido por Malamadre, ese gran personaje que exuda fuerza, peligro, ira y arrogancia, y que es el mejor personaje que ha hecho Luis Tosar hasta la fecha.

Aunque la evolución de Juan, el funcionario que se queda atrapado en medio del motín, es la que mueve la acción, lo que se queda es ese bastardo planificándolo todo, procurando que nadie socave su autoridad, confiando en otro personaje memorable como el Apache (Carlos Bardem está también estupendo, como todo el resto del reparto. ¿Por qué no le darán a Resines más papeles de malo, o pseudo-malo?). Entre la fuerza de Malamadre y la que da el escenario cerrado de la cárcel, "Celda 211" transcurre en un suspiro por caminos que, aunque puedes ver algunos venir, siguen teniendo gran eficacia.

El manejo de la tensión y la acción ha sido siempre uno de los fuertes de Kathryn Bigelow, que además ha contado en varias ocasiones con personajes principales adictos a las emociones fuertes que pueden proporcionar actividades delictivas como robar bancos ("Le llaman Bodhi") o drogas futuristas en forma de los recuerdos de otras personas ("Días extraños"). En "En tierra hostil", su protagonista está enganchado directamente a la guerra, al subidón de adrenalina que le produce desactivar bombas o perseguir insurgentes por las calles de Bagdad. Porque en realidad, aunque esté ambientada en la guerra de Irak, la película es un retrato del sargento James, un tipo que puede dar más miedo que un pobre tipo al que han encadenado a un chaleco bomba. La vida que deja atrás, en los Estados Unidos, para no él no es vida, no es su hogar. Ése está en Oriente Medio, rodeado de bombas a punto de estallar.

Esta adicción a la guerra, pero reflejada en periodistas, se ve también en "Territorio comanche" (si mis neuronas no fallan, creo que es más notable en el libro de Arturo Pérez Reverte que en la película, que tampoco está mal). Como nota curiosa de "En tierra hostil", hay un par de cameos realmente curiosos que no voy a decir para no estropear la diversión de quienes no hayáis visto la película, porque es mejor si te llevas la sorpresa al verlos, sobre todo el de un viejo conocido de Bigelow. Me da la sensación que el Oscar al mejor director tiene ya dueño (más aún después de sus victorias en los premios de la DGA y la PGA), y "Avatar" se ha encontrado una durísima competidora en su camino por ganar el premio gordo en el Kodak Theatre, especialmente por la repercusión que "En tierra hostil" ha alcanzado.
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