11 febrero 2010

La hora de House y Wilson

Cuando llevamos ya muchas temporadas siguiendo una serie (más de cinco, por ejemplo), suele ocurrir que llega un punto en el que ya no nos gusta tanto como al principio. Puede ser que la serie haya sufrido un bajón o que lo que haya cambiado sea nuestra percepción sobre ella, pero nuestra relación ya no volverá a ser la misma. No es un secreto que, desde la quinta temporada, algo así me está pasando con "House". El nuevo equipo de diagnóstico y, sobre todo, la pareja Foreman-Trece (de la que lo mejor era su mote, Foreteen) representó para mí un paso atrás, una caída hacia historias poco interesantes y más convencionales de lo que nos tenían acostumbrados, además de unos paralelismos entre médicos y pacientes tan explícitos, que hasta parecía que nos estaban pegando con el obelisco de Obélix en la cabeza, diciéndonos "¡fíjate que sus problemas vitales son exactamente iguales!"

Sin embargo, en todo esto ha habido siempre algo que me ha hecho volver semana a semana, y ése era el dúo House-Wilson (y cuando funciona bien, también el trío con Cuddy). Una de las razones por las que me enganché desde el principio era por lo mucho que me reía con el médico borde (las caras de Hugh Laurie son un poema, y su imitación exageradísima de Poirot hace dos semanas podría haber formado parte de un sketch de "A bit of Fry and Laurie"). Esa circunstancia no se ha perdido y, desde que los dos amigos además comparten piso, aún se ha acentuado más. De hecho, en alguna ocasión da la sensación de que House y Wilson están en su propio spinoff dentro de la serie, uno en el que se hacen pasar por gays para ligar con su nueva vecina, se gastan bromas pesadas e intercambian todo tipo de puyas y chistes.

Un crítico yanqui decía al principio de la sexta temporada, cuando House deja inicialmente la medicina y prueba, por ejemplo, a dedicarse a la cocina, que no le importaría ver una comedia sólo con House y Wilson (también decía que se apuntaba ya mismo a una sitcom con los hermanos Riggins de "Friday Night Lights", algo que secundo). La relación entre ambos siempre ha ocupado una parte muy importante tanto de la serie como del retrato de House. Si Cuddy es ese camino vital que nunca se atrevió a tomar (por ahora), Wilson es una oportunidad de seguir siendo una persona más o menos cuerda y normal, de no cortar por completo sus lazos con el resto de la humanidad y que en su vida haya algo más que amagos de lupus y diagnósticos de enfermedades de las que se dan en uno de cada 10.000 pacientes.

Ignoro cuánto tiempo más le queda a "House". A Fox le funciona mejor que bien, atrayendo a buena parte de la audiencia joven del lunes por la noche y plantando cara al combo de la CBS de "Dos hombres y medio"-"The Big Bang theory". Teniendo en cuenta que los dilemas éticos y morales del tratamiento de los pacientes han dejado de importarme, si continúan explotando su lado humorístico (que parece que están fomentando cada vez más), yo seguiré en su barco.
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