22 diciembre 2010

Realidad editada

El único modo de ver la realidad tal y como es es estar en medio de ella. Las noticias, los documentales, los programas que nos aseguran que ofrecen "la vida en directo"... Todos ellos nos llegan a través del filtro de la percepción de las personas que los han hecho. Para la mecánica cuántica, la presencia de un observador ya es suficiente para cambiar un sistema. Todo esto hay que tenerlo incluso más en cuenta al enfrentarnos a "Catfish", un documental que ha creado todo tipo de controversias, críticas y discusiones desde su estreno en el último festival de Sundance, y que muchas críticos afirman que es la acompañante perfecta de "La red social", su cara B, como si dijéramos.

La historia, muy resumida, sigue a Nev mientras mantiene una relación amistosa, principalmente por Facebook, primero con una niña, Abby, que pinta cuadros de las fotos que él saca, y después con su madre y con su hermana mayor, con la que inicia una especie de romance virtual. Si sólo se centrara en eso, la película no pasaría de ser una especia de "Gran Hermano" centrado en un sólo tipo, pero a la mitad se produce un giro que es el que ha desatado la polémica sobre cuánta verdad hay en el documental, hasta qué punto sus directores, Ariel Schulman y Henry Joost, lo manipularon todo y las implicaciones éticas de ese tramo final de la cinta (podéis leer parte de esa controversia en este reportaje del Los Ángeles Times que, por supuesto, desvela ese giro), hasta el punto de que ya hay demandas judiciales involucradas. Discernir si todo es real o, por contra, otro "El proyecto de la bruja de Blair" queda a nuestra elección (yo me inclino por un 50-50), pero lo interesante es ver cómo captura el modo en el que interactuamos a través de las redes sociales y cómo, aunque lo parezca, no somos tan listos en su uso de lo que nos gustaría.

En otro orden de cosas más festivo, aquí estoy yo con mi nueva tradición de los últimos años de ver algún reality en Navidades (no "Survivor", lo siento, de verdad que no es para mí). El año pasado vi unos cuantos capítulos de "Ace of cakes" (tristemente cancelado) y este año, para no salir de la temática culinaria, me he puesto con "Top Chef: All-Stars", la octava temporada del único reality que ha logrado desbancar a "The amazing race" en el Emmy de la categoría. La mecánica del concurso se resume de forma fácil; varios cocineros se enfrentan entre sí preparando diferentes platos, siendo eliminados aquellos que los jueces crean que han fallado en conseguir un plato que reuniera las características que les pedían. Por supuesto, además de talentosos, los participantes tienen muchas veces un ego que ni el de LeBron James, y no faltan las enemistades, las peleas y los momentos de gente que se crece ante las adversidades o que se hunde bajo presión.

Lo que me ha resultado curioso es encontrarme, al final de los capítulos, un rótulo que avisa de que el programa está editado, supongo que para curarse en salud (nunca se sabe lo que puede pasar con la audiencia de un reality). Con sólo dos episodios vistos, comprendo que haya tanta gente enganchada a él. Tiene sus dosis justas de choque de personalidades, montaje veloz, drama y gente con un nombre en el sector en la mesa de los jueces (el más famoso, claro, es Anthony Bourdain). Hasta llegaron a salir en un capítulo de "Treme", yendo a cenar al restaurante del personaje de Kim Dickens.
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