09 diciembre 2010

Tres en la carretera

En este mes, aproximadamente, transcurrido entre el estreno de "Harry Potter y las reliquias de la muerte I" y el momento en el que yo la he visto, confieso que me he visto atrapada en un bucle de leer críticas y reflexiones de todo tipo sobre esta primera parte del final de la saga cinematográfica del mago creado por J.K. Rowling. Las había buenas, malas, entusiastas, escépticas y que se reservaban una opinión más formada para cuando hubieran visto la segunda parte. Incluso había una de un crítico inglés, creo, que afirmaba que podía extraerse una cinta experimental indie para Sundance con el tramo a lo road movie en el que Ron, Harry y Hermione están escondidos en el bosque sin hacer nada, más que pelearse entre ellos. Tal aluvión de información, más el libro en el que se basa, más la experiencia previa de las otras seis películas tienen, a la fuerza, que influenciar el modo en el que uno se enfrenta a un blockbuster así.

Los problemas que tiene la primera parte del libro, que tarda la vida en arrancar, tienen que trasladarse a su adaptación a la pantalla pero, sorprendentemente, el periodo "travesía de Mordor" de Harry, Ron y Hermione con el colgante de Voldemort, que es el principal escollo, no está mal resuelto y no se hace tan pesado como podría suponerse. O tal vez a mí no me lo pareció porque ya me enfrenté a esas escenas cuando leí el libro. Este tramo es el que más divide a los espectadores entre los que se aburrieron, y desconectaron del resto, y los que hasta lo encontraron más o menos interesante (y en esa división se incluye la escena del baile en la tienda, añadida para la película, que es un curioso aporte y que, para mi sorpresa, lleva por banda sonora "O Children", de Nick Cave y The Bad Seeds). Paradójicamente, mientras permite que, por primera vez, conozcamos mejor al trío protagonista y cómo es de verdad la relación entre ellos (muy especialmente, entre Ron y Hermione, que tiene una frase muy Brennan), puede resultar para algunos espectadores una pérdida de tiempo.

Es muy cierto que, en esta primera parte, apenas pasa nada y que la acción se corta justo cuando la maquinaria ha echado a rodar, y ya no hay quien la pare hasta el gran final. Apenas vislumbramos un poco a Snape, por ejemplo, y apenas empezamos a echar un vistazo al gran reajuste del modo en el que vemos a los personajes que se produce en el séptimo libro. Nuestra visión de Dumbledore, del propio Severus, de Draco Malfoy y hasta de los tres protagonistas cambia en los dos últimos tomos, a veces muy sutilmente y sospecho que, en el caso de Snape, va a perder fuerza al concentrarse casi todo en la segunda parte. Pero, por lo menos, resulta mucho más entretenida que las dos primeras cintas dirigidas por David Yates ("La Orden del Fénix" y "El príncipe mestizo"), y las persecuciones en el Ministerio y en el bosque son trepidantes.

Se beneficia, de nuevo, de que Helena Bonham-Carter es indisociable de Bellatrix Lestrange, a la que le da un filo peligroso, loco e imprevisible que la convierten en la mejor villana de la función, y confirma también que, desde la tercera película, Rupert Grint y Emma Watson se desenvuelven mucho mejor que Daniel Radcliffe. Y antes de que se me olvide, el segmento animado que cuenta la historia de las reliquias de la muerte es todo un acierto, con un estilo a lo teatro de marionetas de Europa del Este muy logrado y hasta póetico, y una inevitable asociación, en mi caso, a "Kill Bill I" y el modo en el que se cuenta la historia de O-Ren Ishii.

P.D.: Tenía que poner la foto de arriba porque confieso que, cuando el ministro de Magia (Bill Nighy) entrega el legado de Dumbledore a Harry, Ron y Hermione, hubo un momento en el que pensé que les diría aquello genial de "niños, no compréis drogas, haceos estrellas del pop, os las darán gratis" que Nighy dice en "Love Actually". Aunque también, cuando Ron recibe el deluminador para que tenga luz en la oscuridad, me acordé de aquella luz para cuando todas las demás se hayan apagado que Galadriel le deja a Frodo en "El Señor de los Anillos".

P.D. 2: Mi idea original era que esta entrada estuviera compartida entre Harry Potter y "Biutiful", la nueva película de Alejandro González Iñárritu (es una mezcla rara, lo sé). En muchos sitios apuntan que tiene posibilidades de colarse en las nominaciones a mejor película extranjera en los Globos de Oro (veremos en los Oscars), y sus responsables están haciendo un importante esfuerzo promocional en Estados Unidos de cara a la temporada de premios. Sin embargo, he descubierto que casi no tengo nada qué decir sobre ella. Javier Bardem está muy bien y fue un merecido premio de interpretación en el Festival de Cannes, pero la película me resultó una sucesión de desgracias a veces un poco gratuita. Cuando salí de la sala, me acordé de "Rompiendo las olas", que vi en su momento en el cine y de la que aún estoy decidiendo si me gustó o no. Y se estrenó en 1996.
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