31 diciembre 2010

Amos y sirvientes

Muy probablemente, el éxito más inesperado de la temporada en el Reino Unido ha sido "Downton Abbey". Sí, es un drama de época que empieza en la primavera de 1912, pero no está adaptado de ninguna novela, no tiene grandes estrellas fácilmente reconocibles en el reparto (excepto Maggie Smith) y no la emite la BBC. La cadena responsable es ITV, que es más conocida por concursos de todo tipo y culebrones ambientados en el norte de Inglaterra, y que la última vez que tuvo un éxito así con una serie de este estilo fue con "Retorno a Brideshead". El creador de la serie es Julian Fellowes, que ganó un Oscar por el guión de una de las últimas películas de Robert Altman, "Gosford Park", por lo que no es extraño que sea la principal referencia de "Downton Abbey" (la otra, a veces muy clara, es "Lo que queda del día"). Incluso contaba con Maggie Smith en el reparto.

¿Y qué cuenta la serie, de siete capítulos? La vida de la familia de Lord Grantham y de sus sirvientes en la casa aristocrática de campo familiar, en una época en la que los grandes cambios del siglo XX estaban empezando a desatarse, desde el movimiento sufragista femenino a la llegada del teléfono o, aunque sólo se mencionan de pasada, las tensiones internacionales que acabarían dando pie a la Primera Guerra Mundial, que terminaría poniéndolo todo patas arriba. La sinopsis puede resumirse en una línea pero, por supuesto, no hace justicia a todo lo que pasa. "Downton Abbey" se mueve a un ritmo vertiginoso (en algunas elipsis pueden pasar meses), y saca provecho de los giros inesperados que podemos esperar en todo buen culebrón. Sus personajes están perfectamente dibujados desde el primer momento en el que aparecen (a un lacayo en concreto lo calamos desde la primera vez que coge una bandeja, sin necesidad de que hable).

Hay intrigas por ascender entre los sirvientes, intrigas por ver quién será el heredero de Lord Grantham entre los señores, amores no correspondidos y otros que surgen de modo inesperado, gente con fuertes principios tanto arriba como abajo de las escaleras y una colección de historias humanas que te enganchan con muchísima facilidad. Además, y aunque no lo parezca, "Downton Abbey" puede resultar muy divertida, y no sólo porque una de sus actrices sea Penelope Wilton, a la que yo no puedo evitar recordar con su "Harriet Jones, prime minister" con el que se presentaba constantemente en "Doctor Who". Los que seais más o menos mitómanos de los 80 seguramente reconoceréis a Elizabeth McGovern, y a los que veais bastantes series británicas también os sonarán las caras de más actores (como Jim Carter o Hugh Bonneville), todos muy bien elegidos.

La serie tendrá una segunda temporada de ocho episodios porque más de nueve millones de espectadores de media no pueden desperdiciarse así como así, pero también es muy probable que tardemos aún bastante en verla (el próximo otoño, con suerte). Cada capítulo ha costado un millón de libras (algo más de un millón de euros), y estaba rodada íntegra en el castillo de Highclere, y en los alrededores del condado de Berkshire. Sus críticos la despachan diciendo que no es más que un estilizado culebrón. Ojalá todos fueran así.
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