20 marzo 2011

Ladrillo quemado

Al hablar de "Crematorio", la primera serie de producción propia del Canal + España, es inevitable que surjan las comparaciones con las producciones del cable estadounidense y, especialmente, con la HBO. Desde sus títulos de crédito, muy del estilo de "True Blood", se nota que, para adaptar la novela de Rafael Chirbes, han mirado al otro lado del Atlántico en busca de referentes y los han aplicado a una historia que, a pesar de estar ambientada en la costa mediterránea española (y rodada en Alicante), bien puede trasladarse a cualquier otro lugar donde la ambición, la corrupción política y la tentación del dinero acaban siendo los principales impulsos detrás de las personas que manejan el cotarro, tanto en la sombra como a plena luz del día.

Porque, si nos guiamos por su primer episodio, "Crematorio" es más que una serie sobre la corrupción en España, como se publicita; puede ser una radiografía de los peligros de la ambición desmedida muy interesante, en especial porque su personaje central, Rubén Bertomeu, tiene los suficientes claroscuros para que nos repugne pero no podamos dejar de verlo en acción (papelón de José Sancho, desde luego). O, más concretamente, para que no podamos dejar de ver su caída. El imperio de favores, testaferros, dinero bajo cuerda y ladrillo a mansalva que ha construido está empezando a resquebrajarse por el sitio más insospechado; una furgoneta que se salta un Stop.

Ese capítulo inicial hace un buen trabajo de establecer, sobre todo, quién es Rubén y el papel que ocupa en esa ciudad levantina que no se nombra. Su entrada en el velatorio de su hermano recuerda inevitablemente a "El padrino", por ejemplo. También se dibujan bastante bien a dos de las mujeres de su vida, su novia (Juana Acosta) y su hija (Alicia Borrachero), que prometen cosas interesantes para más adelante, y se dan las pinceladas justas para que comencemos a hacernos una idea de hasta dónde llega el entramado del que no sólo ha estado viviendo él a lo largo de los años. Esas imágenes de edificios demolidos en las imágenes de la cabecera son, sin duda, proféticas, y parece que ver todo el proceso hasta llegar a ese momento va a ser apasionante.

Música de la semana: Los anuncios de coches suelen elegir canciones curiosas como fondo. Citroën, por ejemplo, tiene ahora uno que utiliza una versión de "Hit the road Jack", que fue sintonía en su momento de "Infelices para siempre", esa especie de "Matrimonio con hijos" con Nikki Cox y un perro conejo que hablaba. Hay muchas versiones de ella, pero nos quedaremos con la de Ray Charles.
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