18 septiembre 2012

Amor y dinero

Las historias de Jane Austen siempre giraban alrededor de dos temas: el amor y el dinero. Casi podría decirse que iban más sobre el segundo que sobre el primero, aunque al tratarlos con chicas de familias rurales de buena posición (más o menos buena), los dos estaban indisociablemente unidos. Las mujeres de cierta clase social sólo podían aspirar a tener el dinero necesario para mantenerse si conseguían casarse con algún soltero de buena posición social y económica, y eso que era cierto en el siglo XVIII lo siguió siendo hasta bien entrado el siglo XX. La tercera temporada de "Downton Abbey" va a tocar ambos asuntos también, parece que de un modo más directo que hasta ahora. Sí, el hecho de que Mary no pudiera heredar la casa y la fortuna de sus padres por ser mujer fue parte central de la serie desde el principio, pero el dinero y la posición social no había permeado tantas tramas como en el capítulo inicial de la nueva temporada.

La relación entre Mary y Matthew y la nueva vida de Sybil y Branson muestran pequeños detalles de esas tensiones que pueden darse cuando se entremezclan y chocan el amor y el dinero. En esas dos parejas puede explorarse aquel cambio social que trajo la Primera Guerra Mundial y que no terminamos de ver en la segunda temporada, demasiasdo ocupada en quemar trama y lanzarse a por elipsis temporales propias de la TARDIS. Justo el papel de Branson, que ya no es un sirviente pero tampoco encaja en la clase alta, tiene algunos de los momentos más interesantes del estreno de la temporada, ayudando a retratar mejor a bastantes de los personajes de la casa. Y, como ya podíamos sospechar con anterioridad, en "Downton Abbey" son las mujeres las que se muestran más decididas y avanzadas que los hombres.

Y no sólo porque por fin podemos ver (y disfrutar) esa guerra verbal entre la condesa viuda de Grantham y Martha, la madre de Cora, una millonaria americana que se asombra de que la aristocracia inglesa esté tan anclada en el pasado incluso a pesar de haber vivido una guerra. Ese choque cultural puede ser realmente divertido más adelante, cuando estallen algunas cosas que han quedado coleando de la segunda entrega y cuando se sepa por completo el pseudo-secreto con el que arrancan estos nuevos episodios. Que, por cierto, parecen señalar un regreso al tono de la primera temporada, regreso que ya vislumbramos en el especial de Navidad. Ese tono es el de un drama romántico, el de un culebrón algo más contenido que deja espacio para eso que ya hemos comentado muchas veces, que es que el lenguaje corporal y las miradas de sus actores transmitan bastante más que los diálogos (aunque Matthew se marca algunos algo más subidos de tono, relativamente, de lo habitual para la serie).

Como curiosidad final que muestra hasta qué punto "Downton Abbey" se ha convertido en un fenómeno en Estados Unidos, que justifica que se esté hablando de sus posibilidades de derrotar a "Mad Men" en los próximos Emmy, sólo apuntaremos que, a partir del mes de octubre, el propio Dan Stevens será uno de los protagonistas de un montaje en Broadway de "La heredera", más conocida por la película protagonizada por Olivia de Havilland en los 40, que ha recibido mucha atención porque su actriz principal es Jessica Chastain.
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