26 septiembre 2012

El mal perder y el mérito en los Emmy

En estos dos o tres días que hemos tenido de resaca de los últimos premios Emmy, sorprende el nivel que han alcanzado las quejas de quienes no están conformes con que "Homeland" ganara el premio a mejor drama (los comentarios de esta entrada dan una idea general de ese sentir). Casi todas esas quejas provienen de fans de "Mad Men" y, especialmente, "Breaking Bad" que sostienen que la quinta y la cuarta temporadas, respectivamente, de esas series fueron infinitamente mejores que los capítulos de estreno del thriller de Showtime, del que sólo les falta decir que hasta una entrega de "Jersey Shore" es mejor que él. Por cada argumentación más o menos racional al respecto hay muchas otras que parecen más una pataleta de fans con muy mal perder. Si se monta esto porque "Homeland" fue la que destronó a "Mad Men", no quiero ni pensar lo que tendríamos que aguantar si lo hubiera hecho finalmente "Downton Abbey".

Lo que todas esas quejas hacen es perder de vista que la serie protagonizada por Damian Lewis y Claire Danes se convirtió el pasado otoño en LA serie de 2011, así, con mayúsculas. Era la que todos los periodistas y blogueros diseccionaban con pasión los lunes, la que se ganó enseguida el interés del resto de la industria hollywoodiense, la que suscitó controversias entre republicanos y demócratas y la que toca un tema (el terrorismo en suelo estadounidense) que toca de un modo muy profundo a los espectadores yanquies. En cuanto a repercusión en todas partes, "Homeland" era una candidata realmente difícil de batir, por mucho descenso a los infiernos que protagonizara Walter White y muchos cambios que Don Draper tuviera que vivir. Además, la gente que hace la serie son todos viejos conocidos de la televisión, empezando por sus actores y terminando por sus guionistas, todos con experiencia como showrunners, y eso aún aumentó más el respeto por ella.

Esto no quiere desmerecer los méritos de "Mad Men" o "Breaking Bad" para llevarse ese Emmy a mejor drama, pero no es justo despreciar "Homeland" por habérselo llevado. Sin ser perfecta, porque casi ninguna serie lo es, sus primeros 12 episodios construyen y mantienen un nivel de tensión realmente admirable, y presentan unos personajes complejos y muy interesantes, que se mueven sobre un filo muy, muy delgado. Con el sargento Brody nunca sabemos si es sincero o no en sus motivaciones, si se cree de verdad ciertas cosas que dice al final de la temporada y hasta qué punto está todavía traumatizado por sus años de prisionero de Abu Nazir. Carrie, mientras tanto, se mueve constantemente al borde del ataque psicótico sin poder confiar en nadie más que en su compañero Saul, dudando hasta de su capacidad mental para resolver la madeja de las operaciones de Nazir. El baile que se da entre esos dos personajes que se estudian, se acechan, se acercan, se necesitan, se comprenden y se traicionan es de lo más destacado que se vio el año pasado en televisión.

Muchas veces hemos comentado cómo funcionan los Emmy y por qué inercias se mueven. La popularidad y visibilidad (y que los académicos crean que votar a determinado ganador es cool, o que les guste de verdad) dan muchos más premios y nominaciones que la calidad, y todo descansa al final sobre los capítulos que se envíen para que sean juzgados. Grandes actores y series han perdido Emmys porque se equivocaron al elegir esos episodios, y otras veces lo han hecho simplemente porque sus competidores mandaron unos que eran mejores y llamaron más la atención de los académicos. "Homeland" es una meritoria ganadora del Emmy al mejor drama. También lo habrían sido "Mad Men" y "Breaking Bad", pero éste no era su año. Hay que saber perder.
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