27 diciembre 2013

El antihéroe ha muerto

 
Cuando terminó definitivamente "Breaking Bad", un crítico estadounidense decía que, después de Walter White, ya no podía haber más antihéroes en televisión, que él había representado la versión definitiva de esa figura y que, con su desaparición de las pantallas, daba por cerrada la época en la que se construía un drama de prestigio alrededor de un hombre blanco en crisis de la mediana edad, y que se dedica a algún tipo de actividad no demasiado legal o ética, o que tiene muchos demonios personales. Lo decía también porque parece que esto a lo que se ha dado en llamar "segunda edad de oro de la televisión" (gran cliché a estas alturas) sólo se aplica a series de cable con antihéroes en su centro, siguiendo el camino que abrió en su momento "Los Soprano", y en cuanto esa figura ha dado síntomas de estar agotada y más que superada, los críticos rápidamente proclaman que esa edad de oro de la originalidad y los riesgos se ha acabado.

La caída del antihéroe se ha escenificado este año con las críticas tibias, o directamente malas, que sufrieron dos estrenos veraniegos del cable, "Ray Donovan" y "Low winter sun". La primera encontró más defensores conforme avanzaba la temporada pero, en general, los críticos las han utilizado de ejemplo de los dramas de prestigio hechos siguiendo una plantilla, en los que a veces se cree que el trabajo está hecho teniendo un protagonista masculino central que no sea el clásico héroe, y llevándolo a que tome decisiones cuestionables. En la primera entrada de su resumen de la televisión en 2013, en Slate apuntan, precisamente, que la repetición ad infinitum de lo externo del antihéroe ha terminado por agotarlo, pero que es erróneo pensar que eso es sinónimo de que la ficción televisiva está viviendo una época de decadencia, porque no es cierto. El artículo recupera la idea de la televisión de serie B de Maureen Ryan, apuntando que series con menos ínfulas de trascendencia, pero igualmente bien hechas, han tomado el testigo como renovadoras del panorama.

Curiosamente, muchas de ellas están protagonizadas por mujeres y, en gran parte, supervisadas por mujeres, en lo que parece un movimiento de reacción al dominio masculino, delante y detrás de las cámaras, que marcó este renacimiento de la ficción en la pequeña pantalla. Entre los títulos que se repiten en casi todas las listas de lo mejor del año aparecidas al otro lado del Atlántico están "Orange is the new black" (Jenji Kohan), "Masters of sex" (Michelle Ashford), "The good wife" (Michelle King, en conjunto con su marido Robert), la inevitable "Scandal" (Shonda Rhimes) o hasta "Enlightened" (co-creada por Laura Dern y Mike White). Y aunque sus showrunners sean hombres, es innegable la relevancia de los personajes femeninos en "Orphan Black", "The Americans" y "Juego de tronos". Lo único que ha pasado en 2013 es que la ficción televisiva, en su conjunto, ha evolucionado y ha ido probando cosas nuevas, y lo que sí es curioso es comprobar como los críticos estadounidenses cada vez están más abiertos a las series no sólo extranjeras, sino en idiomas que no son el inglés y, por tanto, que hay que ver con subtítulos.

Gracias a Hulu y Netflix y sus necesidades de engordar sus catálogos son posibles listas que, hace tres años, serían impensables, como ésta de The Hollywood Reporter de series internacionales para maratonear en Navidad. Hay que agradecer a escandinavos y franceses que esa puerta se haya abierto por fin.
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