03 enero 2007

Bastardos entrañables

El otro día estuve curioseando por los podcasts que Ron Moore tiene comentando los pormenores de cada capítulo de "Galáctica". Son bastante largos, ya que están pensados para que se escuchen a la vez que se ve el capítulo en cuestión, pero son bastante interesantes porque desvelan cómo se toman algunas de las decisiones sobre tal o cual trama o sobre las acciones de determinado personaje. El último que curioseé fue el del noveno episodio de la tercera temporada, "Unfinished business", y en él, Moore hacía un par de comentarios sobre Baltar y Starbuck que ilustran bastante bien el título de esta entrada.
(ALERTA: POSIBLES SPOILERS) Resumiendo, venía a decir que, por muchas cosas equivocadas que hicieran, por mucho daño que les causaran a otros personajes, de algún modo no podías evitar que te siguieran gustando. La frágil estabilidad mental de Baltar, seriamente amenazada por las apariciones continuas de Número Seis, sus ocasionales momentos de genio loco compensan un poco su faceta de egoísta traidor, además de su reciente preocupación por si es uno de los cinco últimos cylones. Algo similar pasa con Starbuck, tan autodestructiva que hunde con ella a todo el que está a su alrededor (por eso tenía aquellas peleas con Tigh, otro sufridor con malas pulgas), pero tan dolorida y contradictoria que resulta difícil odiarla directamente. Luego da esas sutiles muestras de vulnerabilidad (las pastillas para dormir -suyas- que ofrece a una Kat moribunda, o los ojos anegados en lágrimas con los que mira a Apolo cuando éste descubre que se ha casado con Anders) y la imagen de "mujer de hielo" se desmonta.
¿Y qué hay de Locke, nuestro cazador-náufrago favorito? De todos los personajes de "Perdidos", sigue siendo el más ambiguo, del que no sabes si te va a llevar a una muerte segura, como pasó con Boone, o si va a ser el hombre más atento del mundo, como ocurre con Claire y su hijo Aaron. La prueba de fe de la segunda temporada parece habernos devuelto al Locke resuelto del principio, y a pesar de los daños colaterales que su comportamiento acarree, casi se lo podemos perdonar todo (casi). Al que le perdonábamos prácticamente todo era a Logan Echolls, y a Verónica Mars, que también es una bastarda entrañable en la vertiente House. Las "maldades" de los dos nacen del dolor, y por eso es más fácil identificarse con ellos y apoyarlos. Siempre hay un momento en el que se vislumbra algo por debajo del caparazón.
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