22 enero 2007

Química orgánica

Uno de los recursos más viejos y manidos para construir la relación entre dos personajes es la tensión sexual no resuelta. Es tan viejo, que toda "Sucedió una noche" está basada en esa tensión (también hay que decir que esta película de Frank Capra, de 1934, sentó las bases de todas las comedias románticas posteriores). Para lograrla, es necesario un elemento muy importante y que no está escrito en el guión: la química entre los actores.
Arthur Penn, el director de "Bonnie y Clyde", cuenta que Warren Beatty y Faye Dunaway no podían soportarse durante el rodaje y que, para falsear las miradas de amor que debían lanzarse en algunos momentos de la película, Penn hacía que los actores lo miraran a él y los rodaba en plano-contraplano, de modo que no compartieran plano. Por otro lado, Lauren Bacall explica que, a pesar de que ella y John Wayne tenían opiniones políticas diametralmente opuestas, cuando actuaban juntos tenían cierta química y se respetaban (trabajaron en "El último pistolero" y "Callejón sangriento"). Lo que quiere decir que ese entendimiento aparece donde menos se lo espera uno y, si se emplea bien, conseguirá dotar de más interés a la historia (y dar pie a las fantasías de los shippers, de paso).
Con dos personajes entre los que es evidente que hay cierta atracción, pero que ellos no terminan de reconocer, se pueden crear multitud de situaciones y se puede hacer avanzar la historia de la manera más insospechada. Lo único malo de esto es que, si esa tensión se resuelve, por lo general se da al traste con todo. Hay excepciones, por supuesto, como la relación entre Fleischmann y O'Connell en "Doctor en Alaska", que pasaba del amor al odio en un segundo (o estaba causada por el deshielo), pero no es lo común. Esto es algo que en las series españolas se maneja muy mal. ¿Cuánto tardaron Verónica Sánchez y Fran Perea en liarse en "Los Serrano"? ¿Y la historia entre uno de los policías y la hija de su jefe en "Los hombres de Paco"? En cinco episodios ya se había solucionado la tensión, y lo queda después es puro culebrón.
Claro que, a veces, esa química, ese entendimiento inexplicable surge sin esperarlo. El triángulo Jack-Kate-Sawyer de "Perdidos" estaba planeado desde el principio, pero la química entre Evangeline Lilly y Josh Holloway hizo que los guionistas lo alargaran algo más de lo previsto. Del mismo modo, Damon Lindelof apunta que la idea original con el personaje de Ana Lucía era que se inmiscuyera en medio de ese triángulo, y así se nos presenta al final de la primera temporada, compartiendo una copa con Jack en el aeropuerto. Sin embargo, Ana Lucía se mostró en los siguientes episodios de tal modo, que la idea del cuadrado amoroso se descartó.

P.D.: Por fin he empezado a ver "Firefly" (curioso que no la hubiera visto todavía, porque fui a ver "Serenity" al cine). Ya hablaremos sobre ella, pero comprendo perfectamente por qué es una serie de culto.
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