22 enero 2007

Detrás de la foto

Hay dos escenas en "Banderas de nuestros padres" que resumen toda la película. La primera la vemos cuando los tres soldados supervivientes de la famoso foto de la izada de la bandera estadounidense en Iwo Jima suben una reproducción de cartón piedra del monte Suribachi, instalada en un campo de fútbol americano, durante su gira para recaudar bonos de guerra que engorden las vacías arcas del gobierno estadounidense. Vestidos con sus uniformes de campaña, los tres deben subir y colocar una bandera, pero, durante el ascenso, uno de ellos, John Bradley, escucha como lo llaman, "¡Enfermero!", y su mente vuelve a la batalla.
La segunda la vemos a la mañana siguiente, cuando el soldado Ira Hayes le dic al oficial que los acompaña en la gira que ellos no son unos héroes, y que los verdaderos héroes están enterrados en la arena de Iwo Jima. Además, la historia de Hayes es la más trágica de todas, y así lo muestra Eastwood en un final con una música muy a lo "Sin perdón".
Lo cierto es que el director, que tiene más o menos la misma edad de los veteranos de la II Guerra Mundial que sobreviven, hace en esta película un homenaje a los soldados que luchan por sus compañeros, más que por su país o por su bandera (una idea, por cierto, que Tolkien empleó para construir al personaje de Samsagaz Gamyi), por lo que chirría que, desde algunos sectores conservadores estadounidenses, la hayan tachado de antipatriótica. ¿La razón? Mostrar cómo a nadie le importaban en realidad los soldados, ni sus madres, y que todo el que entendió el potencial de aquella foto de Joe Rosenthal intentó sacar provecho de ella. Además de dejar claro que la maquinaria propagandística exprimió a los soldados y luego se olvidó de ellos.
Por supuesto, como en todas las películas de Eastwood, todo está muy cuidado, con una fotografía fría, de colores desvaídos, que en las escenas de batalla está muy cerca de pasarse al gris debido al color negro de la arena de la isla. Además, en esas primeras escenas en Iwo Jima se nota algo la producción de Steven Spielberg, pues el desembarco está rodado cámara en mano, en medio de la acción, muy al estilo de "Salvar al soldado Ryan", mientras que la relación entre los soldados remite, inevitablemente, a "Hermanos de sangre".
No es una película perfecta, pero merece una oportunidad, sobre todo porque, aunque se nos cuenta parte de una batalla que los etadounidenses ganaron, la sensación que queda es que sus soldados perdieron al regresar a casa. Ninguno de ellos contó a sus familias lo que habían hecho y, ya siendo ancianos, siguen teniendo pesadillas con la guerra. Además, después de ver ésta, no puedo esperar a ver "Cartas desde Iwo Jima", la versión japonesa que Eastwood ha rodado también, con actores japoneses, y que promete.
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