06 marzo 2008

El asesinato como una de las bellas artes

Los asesinos en serie de las series y las películas cada vez son más particulares, y por particular nos referimos a personales, diferentes, únicos. Ya no basta con que sean mentes brillantes y elijan a sus víctimas al completo azar o, como mucho, porque todas son rubias; ahora, además, deben dejar unas firmas elaboradas que griten a los cuatro vientos que esa muerte es obra de ellos, y de nadie más. Títulos con policías que persiguen a asesinos en serie hay muchos. La única manera de diferenciarlos unos de otros es teniendo un asesino original.

Desde "El estrangulador de Boston" y "Frenesí" ha llovido mucho, y es lógico que el género haya ido cambiando. El impulso que le dio "El silencio de los corderos" a principios de los 90 hizo que por todas partes hubiera asesinos de este estilo, desde los que copian crímenes famosos ("Copycat") a los que firman con cartas de póker (ése es de un libro, "La jota de corazones", uno de los mejores de los protagonizados por la forense Kay Scarpetta) o los que se creen Casanova ("El coleccionista de amantes"). La "onda expansiva" incluso llegó a la tele, y ahí está el equipo de "Mentes criminales" para demostrarlo (y "Profiler", en versión un poco más paranormal, antes que ellos).

En los últimos tiempos, el más original es "Dexter", que en su primera temporada persigue a un tipo que extrae toda la sangre de sus víctimas antes de descuartizarlas y que está obsesionado con él. A la vez, el propio Dexter es un matarife, sólo que él únicamente mata a criminales que se han ido de rositas de sus crímenes. El Asesino del Camión Frigorífico es una vuelta de tuerca bastante malsana a este género, una vuelta parecida a la que dio el villano de "Seven" en el cine de los 90 al matar siguiendo los siete pecados capitales. Y ya puestos a rizar el rizo, el Asesino de las Miniaturas que anima la séptima temporada de "CSI" es de premio. Su primera obra aparece al final del primer capítulo, con una reproducción exacta de la escena del crimen verdaderamente escalofriante. No será la primera vez que Grissom se enfrente a un asesino en serie demasiado inteligente (uno recurrente fue aquel tipo que hacía pasar por suicidios en una bañera vacía la muerte de hombres blancos de mediana edad, con nota y todo), pero éste tiene pinta de llevarse la palma. Veremos por dónde va el tema.

P.D.: Se me olvidó resolver ayer el pequeño enigma de "Then he kissed me", canción de The Crystals que suene en bastantes películas. Es cierto que se escuchaba en "Uno de los nuestros", en un plano secuencia magistral, pero la aparición realmente mítica es al principio de "Aventuras en la gran ciudad", con Elisabeth Shue bailando y cantando por toda la habitación esperando a que llegue a recogerla Bradley Whitford.
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