11 marzo 2008

La sangre del César

Julio César fue asesinado en Cuatro hace más de un año, que es lo que la cadena va a tardar en estrenar la temporada final de "Roma". Además, se la va a quitar de encima con una programación maratoniana en Semana Santa, liquidándose los 10 capítulos entre el Jueves y el Sábado Santo. Ni la serie de la HBO se libra de encuadrarse en esa tradición televisiva de programar peplums en esta época del año. Pero no me malinterpretéis. "Roma" es un peplum simplemente porque es de romanos, pero está más cerca de "Deadwood" que de "La túnica sagrada", impulsada por ese mismo aliento verista, con personajes creíbles y contradictorios y con una ambientación histórica muy cuidada.

Los elevados costes de producción forzaron que la serie sólo tuviera dos temporadas y que, además, el rodaje de la segunda se demorara durante meses. Quien ya ha podido ver esos episodios finales afirma que están a la altura de los 12 (¿fueron 12?) primeros, que finalizaron con el asesinato de César. Ahora, es Marco Antonio el que gobierna Roma en un triunvirato que, como no podía ser de otra manera, desemboca en una guerra civil, y al mismo tiempo tenemos a Octavio dando sus primeros pasos hacia el futuro emperador Octavio Augusto. Sabemos de sobra cómo termina todo, pero ver el camino hacia ese final sigue siendo apasionante, sobre todo por el gran hallazgo que es contarlo todo desde el punto de vista de esos personajes a pie de página de la Historia que, aunque no la hacen, sí la sufren y deben desenvolverse en ella como buenamente pueden; en este caso, los legionarios Tito Pullo y Lucio Voreno (dos personajes reales citados por Julio César en "Comentarios sobre la guerra de las Galias").

El principio de la segunda temporada los verá en situaciones opuestas a las que tenían en el arranque de la serie, y ahora Pullo parece ser el hombre razonable de los dos. Las aventuras de estos dos sirven para mostrarnos cómo era la vida cotidiana en la Roma antigua, una faceta que se ve también en el quehacer y las intrigas de las dos grandes manipuladores y villanas de la serie, Atia y Servilia (yo soy más Team Atia, la veo con más clase y más estilo de malvada a lo "Dinastía"). Después de conspirar para matar a César, el futuro de Servilia no es muy halagüeño, y seguro que el tira y afloja entre las dos seguirá siendo de lo más entretenido, más aún que el hijo de Atia tiene todas las papeletas para convertirse en el Emperador. Esto es una ficción de romanos, y no "Gladiator".
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