08 marzo 2008

Un pelotón de fusilamiento

En la facultad de Periodismo te pasas años perfeccionando la reescritura de noticias. Me explico. Te dan unas notas de prensa o unos despachos de agencia, y lo que tú tienes que hacer es escribir lo que se cuenta en esas notas de otra manera. Por ejemplo, si tienes este principio de una noticia de EFE que dice "la Policía Nacional ha detenido a 24 personas por delitos contra la propiedad intelectual en una operación contra la instalación de software pirata en establecimientos comerciales de informática, en la que han sido investigadas 14 empresas" (y es un despacho real de hoy, 8 de marzo), tú tendrías que hacer algo parecido a esto: "24 personas han sido detenidas por la Policía Nacional por instalar software pirata en tiendas de informática. Las detenciones han tenido lugar en el marco de una operación por delitos contra la propiedad intelectual en la que se investigó a 14 empresas de toda España". No es demasiado diferente, pero sí lo suficiente para que, si lo firmas con tu nombre, no quedes como un aprovechado que plagia los despachos de EFE y tiene el cuajo de firmarlos. En ese caso, lo que estás haciendo se denomina "fusilar".

Hace unos años, el diario The New York Times se vio envuelto en un escándalo mayúsculo cuando se descubrió que uno de sus redactores más prometedores, Jayson Blair, había plagiado e inventado muchas de las noticias que había publicado en el diario, incluyendo algunas que habían aparecido en la primera página. Blair estaba en la cresta de la ola, cubriendo desde aquel famoso caso del francotirador de Washington hasta la guerra de Irak Sus historias estaban llenas de errores e inexactitudes, y aunque sus jefes decidieron vigilar más de cerca lo que escribía, siguieron dándole cancha. Hasta que, en abril de 2003, una periodista del San Antonio Express-News contactó con el jefe de Blair para pedirle explicaciones por una noticia que él le había copiado. Y se descubrió todo el pastel. Más o menos por la misma época se estrenó la película "El precio de la verdad", en la que Hayden Christensen interpretaba la historia real de Stephen Glass, un periodista de la revista The New Republic que se había inventado gran parte de sus artículos. La cinta seguía no sólo a Glass, sino a su editor Charles Lane en su investigación por averiguar qué estaba pasando realmente, y es un título bastante recomendable e interesante, que lanzó definitivamente la carrera de Peter Sarsgaard.

Desde que los blogs han proliferado por Internet como las setas en un bosque otoñal, los fusilamientos más o menos descarados se han convertido en una costumbre poco edificante. Hay quien copia entradas enteras y añade al final un enlace a la fuente, lo que es de agradecer, y hay quien coge un poquito de aquí, otro poquito de allá y otro poquito de más allá y se cocina una entrada la mar de maja demostrando su habilidad con el corto-pego. A los periodistas se les dice que deben citar sus fuentes no sólo para verificar su información, y porque es ético reconocer de dónde la has sacado, sino también para cubrirse las espaldas si algo sale mal. ¿Están los blogueros exentos de esto? Juzgad vosotros mismos en Yo no me aburro (donde se descubrió el último caso de fusilamiento interneteril) y en ByTheWay. Ellas explican muy bien de qué va el tema.
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