19 abril 2008

La mala suerte de McNulty

El año pasado, cuando se hicieron públicas las listas de pre-nominados a los Emmy, había un crítico estadounidense que se quejaba amargamente de que ni siquiera entre la decena larga de series que tenían opciones de entrar en la terna final de candidatos estuvieran ni "Galáctica" ni "The Wire". El crítico despachaba el asunto diciendo que los votantes de los Emmy no querían ver ni ciencia ficción ni una serie sobre un grupo de negros pobres de Baltimore, aunque fueran dos de las mejores series que podían verse en las parrillas. Porque si hay una serie con multitud de reconocimientos pero todavía más ignorada en los Emmy y los Globos de Oro que "Galáctica", ésa es "The Wire".

Durante cinco temporadas fue la pequeña gema escondida de la HBO, la que recibía menos atención mediática que "Los Soprano" (palabras mayores) pero que le iba a la par en elogios hiperbolizados. Bajo la fachada de una serie de policías que intentan desarticular una banda de narcotraficantes, se esconde una completa reflexión no sólo sobre una ciudad, sino sobre el funcionamiento de toda nuestra sociedad. Policías y narcos son, a la vez, buenos y malos, a veces intercambian sus roles presupuestos y todos se ven enredados por la misma telaraña política, social y mediática. Su creador, David Simon, fue antes periodista de sucesos en The Baltimore Sun, uno de los muchos influenciados en su elección de un camino profesional por la cobertura e investigación que Bob Woodward y Carl Bernstein hicieron del caso Watergate en The Washington Post. Después escribió un par de libros, uno de los cuales se convirtió en la serie "Homicide: Life on the street", y se puede decir que "The Wire" es la obra de su vida, que estará siempre tan unido a ella como David Chase a "Los Soprano" o David Milch a "Deadwood".

Ya hice un intento hace tiempo de ver, por fin, la serie, pero sucesivos problemas técnicos impidieron que pudera avanzar más allá de la mitad de la primera temporada. Ahora todo parece volver a la normalidad y puedo zambullirme de lleno en el microcosmos criminal de Baltimore, en sus personajes llenos de contradicciones, en el ritmo peculiar de la serie, calmado, dando tiempo a que todas las piezas vayan colocándose en su sitio, en los patios traseros de las casas bajas y las torres de pisos de los barrios pobres y en la vida y la cabeza de Jimmy McNulty, el detective que desencadena toda la trama, y que no tiene por qué ser el protagonista o el mejor personaje de la serie. De hecho, es bastante terco, borrachuzo y no va por ahí cayéndole bien a todo el mundo, pero tampoco es que el resto de sus compañeros sean un dechado de virtudes. Entre eso, y que esté ambientada en las calles arrasadas por la droga y dominadas por traficantes de estilo hip-hopero, con un glamour digamos que escaso, es suficiente para que los Emmy prefieran, por ejemplo, "Boston Legal". No puedes tenerlo todo, McNulty.
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