19 mayo 2008

Soy un hombre libre

Antes de la Número 6 que todos conocemos ahora, esa cylon espectacular y complicada de "Galáctica", hubo otro personaje igualmente complicado (aunque con un físico menos espectacular) que le prestó el nombre, protagonista de una serie de ciencia ficción de culto bastante más homenajeada y "plagiada" de lo que podría parecer en un principio: "El prisionero".

Situémonos en el verano de 1967, cuando las pantallas estadounidenses emiten por primera vez esta introducción que nos presenta a un hombre sin nombre que dimite de su trabajo y se marcha (en un coche molón) a su casa. Sin embargo, allí es drogado y raptado, para terminar despertándose en un extraño sitio llamado La Villa, mitad prisión inquietante, mitad el reino de la Reina de Corazones en "Alicia en el País de las Maravillas". Nuestro protagonista ya no tiene nombre, sino que es sólo un número, el 6, y se ve convocado periódicamente por un misterioso Número 2 que intenta sonsacarle una información que él se niega a dar. Por contra, y siguiendo el espíritu de Steve McQueen en "La gran evasión", lo único que 6 intenta es fugarse, sin éxito.

¿Quién es Número 6? Desde el principio te haces una idea de en qué podría trabajar, pero es un misterio en qué andaba metido exactamente. ¿Qué es La Villa y quiénes son los tipos, o la organización, que la controla? ¿Quién es el Número 1? ¿Y cómo puede alguien escapar de allí? Cada vez que 6 lo intenta, una enorme bola blanca (más sesentera, imposible) sale a su encuentro y lo atrapa, actuando como un sistema de seguridad de La Villa (¿no os suena eso de nada, fans de "Perdidos"?), y todos sus planes de huida terminan siendo desbaratados. Estoy a la mitad de su única temporada de 17 episodios, y la atmósfera no deja de ser intrigante, incluso sospechando por dónde van los tiros.

"El prisionero" fue un empeño de su actor protagonista, Patrick McGoohan, productor ejecutivo, guionista y director de alguno de sus capítulos. La serie alcanzó tal éxito, que McGoohan tuvo que irse de Inglaterra para gozar de cierto anonimato, y ha influenciado a buena parte de las obras de género posteriores. Su frase más famosa ("No soy un número, soy un hombre libre") es una de las más citadas, y pueden rastrearse homenajes a ella en los sitios más insospechados, desde "Los Simpson", con un capítulo que era uno claro plagio-parodia, a citas de algunas de sus frases en "Babylon 5", a inspirar tramas como el Humo Negro y la isla inquietante en "Perdidos". Cuando logre ver el final (si se arreglan ciertos problemillas técnicos), será el momento de entrar a discutir sus componentes alegóricos o la influencia que la situación política y social de la época tuvo en ella. Por ahora, "El prisionero" funciona como un mecanismo de relojería.
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