27 noviembre 2008

La Boca del Infierno

Las reposiciones que La 2 está haciendo del principio de "Buffy, la cazavampiros" (y el día "Buffy-temático" que hubo el otro día en Twitter) me han llevado a recordar algo que, con el tiempo, quizás se olvida un poco de la serie, y es que era muy divertida. Podía haber vampiros, problemas amorosos, profesores extrañamente rigurosos o hienas tomando el asalto el instituto, rara vez la "Scoobie Gang" perdía el sentido del humor. Ya podía ser la Cordelia pija (y graciosísima) de las primeras temporadas, o el leal Xander, o esa Willow nerd encantadora o el estupendo Spike (o Anya, siempre me reí mucho con ella), casi nunca faltaba algún diálogo o una situación graciosa.

Así, desde luego, era más fácil enganchar a la gente que, de otro modo, podía echar a correr en cuanto viera a esos vampiros ("Embrujadas" intentó imitarlos muchas veces, pero nunca llegó ni al barro de los zapatos de Willow), y con ese tono de diversión generalizada, los capítulos más serios o más intensos emocionalmente tenían un calado mayor. La cadena que emitió la serie en sus inicios, The WB, dictaba en parte ese tono, pero Joss Whedon le sacó un gran provecho y supo mantenerlo más que otras series, y entremezclarlo hábilmente con las amenazas del fin del mundo.

Una cosa que nunca me convenció del todo, sin embargo, era la historia de amor entre Buffy y Ángel. Ya sé que es integral para la historia y para la evolución de ella como personaje (y que me he ganado que me lapidéis por decirlo), pero no terminé de creérmela tanto, por ejemplo, como la de Willow y Tara. No tengo ninguna razón empírica para ello, simplemente me resultaba... No sé, no acababa de encajar. Y viendo de nuevo esos primeros episodios en La 2 (creo que van por la segunda temporada) sigo teniendo esa misma sensación. Por lo menos, en éstos no canta tanto cuándo es la doble de Sarah Michelle Gellar la que se pone a pelear, porque al final debían utilizar una que le sacaba un par de cabezas, y se notaba un poquito.
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