23 noviembre 2008

El don de la ubicuidad

Desde la entrega de los Emmys, en septiembre, Tina Fey ha estado, literalmente, en todas partes. Primero, porque se llevó tres estatuillas, al mejor guión, actriz y serie de comedia, y después porque lo que la NBC no pudo lograr (hacer que la vieran millones de espectadores), lo consiguió John McCain eligiendo a Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos. Aunque hubo comparaciones entre Palin y Laura Roslin (y McCain y Saul Tigh), el parecido de la gobernadora de Alaska con Tina Fey era mucho más evidente. Los chicos de "Saturday Night Live" lo explotaron a conciencia con aquellas parodias de Palin que, como ellos mismos reconocían, muchas veces no tenían guión, sino una transcripción exacta de lo que Palin había dicho en tal entrevista o determinado discurso.

La popularidad de Fey subió como la espuma, lo que parece que ha sentado muy bien a "30 Rock". Su audiencia es algo más elevada que la temporada pasada, pero el listón que los críticos le han puesto a esta tercera temporada también es más alto. Ya ha habido algunas quejas sobre las apariciones especiales de Jennifer Aniston y Steve Martin (¡¡y John McEnroe!!) y supongo que una mayor exposición hace que tengas críticas más duras. Comprendo también que esta sobreexposición lleve al hartazgo de algunas personas con la serie (podríamos llamarlo "el efecto House"). De todos modos, estos nuevos episodios sólo están empezando y, aún así, yo no veo ningún bajón con respecto a lo que estaban haciendo al fnal de la segunda temporada, ésa que interrumpió la huelga de guionistas (tiemblo de pensar que una de actores pueda cernerse sobre el horizonte).

Desde ese feliz momento en la primera temporada en el que se dieron cuenta de que "30 Rock" debía pivotar sobre Liz Lemon y Jack Donaghy, la serie no ha hecho más que crecer. "The Girlie Show", el programa cuyos entresijos se supone que nos cuentan, importa muy poco, más que como fondo de todas las chaladuras que hacen esos personajes. Sí permite que Fey y compañía lo empleen para realizar comentarios sobre algunos aspectos de la cultura empresarial de la televisión estadounidense (como el product placement. Hasta en eso son unos maestros), pero es esa gran pareja el motor de todas las tramas. Como Tina Fey reconocía en un acto del Paley Center, al principio de la primera temporada, la relación entre Liz y Jack es una mezcla entre la de Mary Tyler Moore y Lou Grant (dos grandes iconos de la tele yanqui, que también eran jefe y subordinada) y Han Solo y la princesa Leia (la cita a "La guerra de las galaxias" es inevitable con Fey, que reconoce ser una fan acérrima de la trilogía original. Y se ha atrevido a salir en un episodio de esta guisa).

Ha habido tantos chistes y tantos hallazgos en estos cuatro primeros episodios que se hace difícil elegir uno. Una de las cosas que creo que están llevando cada vez mejor es la manera en que Liz y Jack se preocupan el uno del otro (todas las llamadas que ella le hace a él cuando cree que está embarazada, o como él le pide consejo para aprovecharse de Kathy Geiss y recuperar su trabajo). En algunas cosas, no son tan distintos, y los intercambios entre Tina Fey y Alec Baldwin son, de verdad, impagables. Todos los actores de esta serie se las apañan para que cosas que, sobre el papel, no son graciosas, o pueden resultar ofensivas, te arranquen una sonrisa cuanto menos. Es difícil mantener el nivel de locura y excentricidad que despliega "30 Rock", pero en ello están.

P.D.: Ay, Deee-Lite... ¿Alguien se acuerda de ellos? Eran el grupo de la foto de hace un par de días, ése cuyo único éxito es la pegadiza "Groove is in the heart".

Música de la semana: Aún no sé qué hacer con el remake yanqui de "Life on Mars". Por lo que he leído por ahí, parece que no está mal, pero temo que sea demasiado parecido a la serie de la BBC. Por lo poco que he visto del piloto, hasta los créditos son casi iguales (si bien los de la ABC son de la escuela mínima de "Perdidos"), y las tramas de los siguientes capítulos son iguales que las del original. El último emitido por ahora, en el que Sam podría encontrarse con su padre (que en el Reino Unido cerró la primera temporada), llevaba por título "The man who sold the world", una canción de David Bowie que Nirvana hizo aún más famosa en aquel "Unpluggged in New York" que terminó siendo su último disco.
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