02 noviembre 2008

La mala reputación

Durante una única temporada, entre el otoño de 1999 y el verano de 2000, todos los miedos, las ansiedades y los descubrimientos de la adolescencia se asomaron a la parrilla de la NBC gracias al seguimiento de un grupo de empollones y "colgaos" en el instituto McKinley de Michigan, a principios de los 80. Como si "El club de los cinco" se encontrara con "Es mi vida" y el humor de Judd Apatow (productor ejecutivo de la serie), "Freaks & Geeks" conseguía retratar toda una época de nuestras vidas a través de unos personajes entrañables, patéticos, divertidos, pasotas, egoístas, inseguros y leales, todo a la vez, personajes muy humanos que sólo intentan labrarse su propia identidad, sin que ésa tenga que depender de la adscripción a un grupo preestablecido.

Lo que "Buffy, la cazavampiros" y "Verónica Mars" contaban sirviéndose de los macguffins de los vampiros y los casos detectivescos, esta serie lo hace a través de la simpatía por los perdedores, de los tipos que nunca conseguirían salir con la jefa de animadoras ni ser el mejor amigo del quarterback titular, y con unos toques de humor (a veces muy de vergüenza ajena) totalmente desarmantes. Apatow se lleva, en ocasiones, mucho crédito por "Freaks & Geeks", en parte por el éxito del que disfruta ahora, pero la serie debe mucho también a su creador, Paul Feig, últimamente director de varios episodios de "The office", y a Jake Kasdan, hijo de Larwrence Kasdan y director de unos cuantos de sus capítulos. Entre los tres, dotan a la serie de una verosimilitud y un tono bastante alejado de "Aquellos maravillosos años", menos complaciente y, en ocasiones, no exento de cierta crueldad. Pero es que, a ciertas edades, los chavales pueden ser muy crueles.

Ahora mismo, estoy empezando su única temporada, y ya estoy previendo el vacío teléfilo que va a quedar en cuanto vea el último. Los dos hermanos Weir (unos sensacionales, y muy jóvenes, Linda Cardellini y John Francis Daly) son nuestros guías en la exploración del mundo de McKinley High, con Lindsay ejemplificando más concretamente esa búsqueda de la propia identidad que permea todas las tramas, mientras su hermano Sam se encuentra ante el vértigo de crecer y dejar de ser un niño. Todos los demás personajes están muy logrados y muy bien interpretados, pero yo soy fan total de Bill (Martin Starr), el que tiene más pinta de friki de los amigos de Sam, capaz de emborracharse con cerveza viendo "Dallas" en medio de una fiesta, y de salir disfrazado de la Mujer Biónica en Halloween. Y con unas gafas que dejan el nuevo Jumbotron de los Dillon Panthers a la altura del betún.

Música de la semana: Halloween y Todos los Santos ya se pasaron, pero no está mal tener una cancioncita que podría servir perfectamente de banda sonora de cualquier capítulo especial de esa fiesta. En "Tame", de Blur, hasta se utiliza el theremin, ese extraño instrumento musical que se "apropió" de la música de la ciencia ficción de los 50.
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