25 diciembre 2008

¿Quién ha sido?

El whodunnit es el más clásico de todos los misterios empleados en las novelas policíacas, o de enigmas (incluso da pie al famoso "Cluedo"). Averiguar quién ha matado al coronel Hastings en medio de una agradable velada en su casa solariega, o quién ha robado el famoso collar que la condesa Volianoff guardaba celosamente en el escritorio de su biblioteca, eran puntos de partida muy básicos para cualquier libro de misterio que quisiera merecer ese nombre entre finales del siglo XIX y principios del XX. Luego los asesinatos podían ser más o menos brutales, y estar envueltos en más o menos refinamiento, pero el punto de partida rara vez cambiaba. Alguien había muerto en un lugar repleto de desconocidos a los que el detective de turno debía interrogar, y llegar a conocer, para descubrir al asesino.

Anoche, el canal TNT decidió que su programación de Nochebuena estuviera formada por un maratón de películas de Agatha Christie. Las tres que pusieron tienen en común, además, que eran como un remedo de las cintas de catástrofes de los 70, con un reparto que hacía buena esa frase de Metro Goldwyn-Mayer que decía que tenían más estrellas que en el firmamento. "Asesinato en el Orient Express" es la mejor de los tres y la que alcanzó mayor reconocimiento. Albert Finney interpretaba a un Poirot cuyas excentricidades destacaban mucho y, de entre su extenso y estelar reparto, Ingrid Bergman se llevó el Oscar a la mejor secundaria por su papel de la apocada señora Olson. Después programaron una de las más divertidas de todas las adaptaciones de Christie, "Muerte en el Nilo", con Angela Lansbury, Bette Davis y Maggie Smith poniendo esos toques de humor sutil e irónico por los que destaca la cinta, humor que también se destila del retrato que Peter Ustinov hace de Poirot. Ustinov repitió en la última película del maratón, "Muerte bajo el sol".

Los whodunnit eran consustanciales a Christie y ésta se las arreglaba para, de vez en cuando, contradecir las expectativas que los lectores teníamos en la historia. El propio "Asesinato en el Orient Express" es un ejemplo de esa solución imaginativa que no te esperas, en la línea de "El asesinato de Roger Ackroyd" o "Diez negritos" (o como se llama ahora, "Y entonces no quedó ninguno", más políticamente correcto pero demasiado explícito de la trama para mi gusto). Tanto la identidad del asesino como la planificación el crimen en el Orient Express son elegantes e inesperadas, y el pobre Poirot tarda mucho en ver la luz en ese tren atrapado en medio de una colosal nevada en la antigua Yugoslavia. Eso sí, si el pequeño y peculiar detective belga resolvía los casos con la extraordinaria fuerza de sus células grises, la otra protagonista más famosa de Christie, la señorita Marple, lo hacía aplicando el sentido común y conociendo a todos los implicados en el drama, desde su carácter a, principalmente, quiénes eran sus padres, tíos y demás parentela y qué relación tenían con el pueblo de St. Mary Mead.

Este tipo de enigma en televisión estuvo representado a la perfección por Jessica Fletcher ("Se ha escrito un crimen"), que robó de Miss Marple la ubicación en un pueblo pintoresco y peculiar. En la actualidad, "Monk" y "Psych" siguen el mismo esquema, otorgándole más importancia al lado humorístico del asunto y a las personalidades de sus detectives, Adrian Monk y Shawn Spencer, y "The Mentalist" se basa en el whodunnit en todos sus capítulos, hasta ahora. El método de resolución de los casos de Patrick Jane no es demasiado distinto del que empleaba Poirot, o Holmes. Es lo que tienen los clásicos. Siempre funcionan.
P.D.: El de la foto es David Suchet, el Poirot de la serie de televisión británica. Era muy entretenida, por cierto.
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