15 septiembre 2009

La asignatura pendiente

Preparaos para asistir, en estos próximos días, a un buen vapuleo por parte de algunos medios de la lista de películas entre las que la Academia de Cine decidirá cuál de ellas intenta colarse en las nominaciones al Oscar a la mejor película extranjera. El trío está formado por "El baile de la victoria", de Fernando Trueba (que se verá en el próximo Festival de San Sebastián), "Gordos", de Daniel Sánchez Arévalo (que participó en el Festival de Venecia) y "Mapa de los sonidos de Tokio", de Isabel Coixet (que creo que se vio en el Festival de Cannes). Se les criticarán sus logros artísticos, su posible gafapastismo, su recaudación en taquilla (alquien habrá que traiga a colación las inevitables subvenciones), pero pocos intentarán discernir lo que de verdad importa; si alguna de las tres tiene opciones de hacerse en EE.UU. con una maquinaria promocional que le dé el empujón definitivo.

O, más concretamente, cuál de las tres tiene detrás un equipo dispuesto a patearse las alfombras rojas, los screenings varios y los encuentros con críticos, expertos y público escogido de la temporada de premios de Hollywood para intentar arañar esa nominación. Ahí está el quid de la cuestión. No hace falta que Oprah Winfrey diga que es la mejor película que ha visto ese año (aunque a "Crash" le vino muy bien), pero no se puede desdeñar que los Oscars, ante todo, son un negocio y un gran escaparate promocional. Punto. El amigo Harvey Weinstein domina esos entresijos a la perfección, y así hizo que "Shakespeare in love" sea una de las ganadoras al Oscar a la mejor película más incomprensibles de los últimos tiempos.

No recuerdo qué director español, con película aspirante a ser nominada al Oscar, despreció directamente todas esas maniobras publicitarias cuando le preguntaron qué le parecía tener esa posibilidad. Creo que hasta llegó a afirmar que ni siquiera iba a ir a Los Ángeles a presentar la cinta. Así, desde luego, no vamos a ninguna parte. Y aunque los tiempos han cambiado (esto fue a mediados de los 90), seguimos perdiendo de vista que la promoción es sumamente importante de cara a los Oscars. De entre la marea de posibles candidatas, destacan las que hacen más ruido mediático, y ésas no siempre son las mejores. Llega un punto, de hecho, que cansa que los periodistas expertos en los premios empiecen a hacer quinielas en el Festival de Toronto (que está celebrándose ahora).

El problema que tiene el cine español este año es que, si quitamos "Los abrazos rotos", no ha habido ninguna película con la repercusión internacional de "Volver", "El laberinto del fauno" o "Mar adentro". Como no es plan de enviar todos los años a Almodóvar, las opciones que la Academia ha elegido deberían jugar otras bazas. Trueba ya ganó por "Belle epoque" (con el mejor discurso de agradecimiento que yo recuerdo), así que se conoce algo el percal aunque ya haya llovido bastante desde entonces. Isabel Coixet estuvo el año pasado haciendo promoción de "Elegy" (en especial orientada a las interpretaciones de Ben Kingsley y Penélope Cruz) y Sánchez Arévalo, que es el más nuevo, vio también el año pasado cómo su opera prima, "Azuloscurocasinegro", tenía un estreno reducido en EE.UU.

Ahora, la opción de "Mapa de los sonidos de Tokio" debería vigilar las normas para presentarse al Oscar (como bien apuntaba @freddyvoorhees por Twitter). La categoría es película en habla no inglesa, y la cinta de Coixet alterna japonés e inglés. Creo que, con el último cambio de normativa, no le pasará como a "Caché", la película de Michael Haneke que no pudo competir por Austria porque estaba rodada en francés. Haneke, por cierto, y su "Das weisse band" ya figuran para los expertos como nominados seguros. Veremos.
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