30 septiembre 2009

Formulación magistral

Procedimental. A veces usamos esa palabra como si fuera el peor agravio que se le puede hacer a una serie. Es cierto que, desde que "CSI" revolucionó el género introduciendo el elemento novedoso del seguimiento del procesado de las pruebas recogidas en la escena del crimen, han proliferado como setas todo tipo de supuestos herederos que pierden de vista que un procedimental no es sólo un caso aparente, rodado con una fotografía saturada de color, que se resuelva en un único episodio para facilitar que muchos millones de espectadores puedan seguirte con más o menos regularidad, seguros de que, si se pierden un capítulo, no van a sentirse totalmente confusos cuando sintonicen de nuevo la serie a la semana siguiente.

Con esos mimbres (y un reparto que no sea más que parte del mobiliario) no sólo se hace un procedimental mediocre, es que se hace una serie mediocre. No por ser procedimental se es una serie de menor calidad. De hecho, toda serie lleva implícita su propia fórmula, incluso las más serializadas. A algunas se les nota más que a otras. En "The Wire" puede ser contar en paralelo las historias de dos personajes; en "Los Simpson", iniciar el capítulo con una trama que, al cabo de cinco minutos, da paso a otra que es la verdadera historia que se quiere contar; en "El prisionero" son los diferentes intentos de escapar de Número 6, o los planes de Número 2 para romper su silencio sobre las razones detrás de su dimisión. Lógicamente, es en las policíacas donde la fórmula es más evidente, porque empiezan con un crimen que los protagonistas deben resolver (o si son abogados, un juicio que deben ganar).

Estamos de acuerdo en que, en el fondo, el esquema básico de las series de policías es el mismo para todas. A no ser que sean "Canción triste de Hill Street", "Policías de Nueva York" o "Southland", el objetivo en todas es averiguar quién es el muerto del principio y quién, y por qué, lo mató. Pero las diferencias entre ellas radican justo en lo mismo que separa un drama familiar de otro, o una sitcom de otra: sus personajes. Preguntad a los fans de "NCIS" (aunque a mí no me guste), de "Ley y orden: UVE", de "Bones" o de "House" por qué siguen esas series claramente procedimentales y, en lo formal, esclavas de una fórmula, y todos os responderán lo mismo: por sus personajes. Unos personajes creíbles (y unos actores bien elegidos y con buena química entre ellos) son más que suficientes para hacer que una serie del montón pase a ser algo más interesante.

De hecho, lo procedimental a veces disfraza otras cosas que, en realidad, son lo importante de la serie, lo principal que nos quiere contar. "Medium" es un drama familiar; "Bones", una comedia; "House" usaba los casos médicos, sobre todo al principio, para enzarzar a sus personajes en unas discusiones éticas a veces muy sorprendentes para una serie de prime time en abierto; algunas series de abogados acaban siendo reflexiones sobre el funcionamiento del sistema legal, y un policial tan ortodoxo en la forma como "Principal sospechoso" ofrece una radiografía de la sociedad británica. Lo procedimental no es un insulto, a no ser que esté mal hecho.
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