11 septiembre 2009

El punto de no retorno

AVISO: Penúltima parada de mi revisión de "Expediente X", en este caso, en la quinta temporada. Como siempre, debo avisar de que, siendo una revisión de una serie que acabó hace siete años, es muy probable que se comenten cosas del final y, en general, haya spoilers de todo tipo para quien no la haya visto. Que no sé a qué esperáis, por cierto.

Vaya por delante una pequeña nota al pie: la quinta temporada de "Expediente X" es, para mí, el final de la edad dorada de la serie. La tercera y la cuarta temporadas fueron su cima artística y, en parte, esta quinta retiene buena parte de la magia de las dos, sobre todo en los capítulos autoconclusivos y, muy especialmente, en el retrato que se hace de Mulder y Scully. Pero la Conspiración aquí perdió todo el interés para mí. Marita Covarrubias era más un lastre que otra cosa, y todo el jaleo de la Colonización, la Resistencia y la vacuna para el cáncer negro, aunque era un concepto interesante, acabó derivando en un jaleo importante. Además de que conocemos por primera vez al agente Spender, protagonista de una aburrida subtrama familiar en la sexta temporada, por eso de que es hijo del Fumador y, por tanto, hermanastro de Mulder. Lo curioso de Spender, por otro lado, es que lo interpretaba Chris Owens, el mismo actor que había dado vida al monstruo incomprendido de "The postmodern Prometheus".

Éste, emitido muy al principio de la quinta temporada, es otro de los grandes hits de la serie, en el que se demuestra una de sus especialidades; la adaptación de una historia clásica (en este caso, la de Frankenstein), mezclada con homenajes cinéfilos aquí y allá (a "Máscara" y al "Frankenstein" de James Whale) y con una sólida mirada a la relación entre Mulder y Scully. Porque ellos dos y todas las cosas sin hablar que flotan entre ellos se adueñan de toda la función, incluso teniendo en cuenta que en bastantes episodios están separados. El calendario de rodaje de la quinta temporada tuvo que adaptarse al rodaje simultáneo de la primera película, así que se aprovechó para mostrar casos curiosos que Mulder investigó antes de entrar en los expedientes X (como el que cuenta el nacimiento de Los Pistoleros Solitarios) o para ahondar un poco más en el carácter de Scully, ya sea en las contradicciones que siente ante su fe católica (que da para unas tramas religiosas que dan bastante mal rollo) o en la necesidad de afirmar su independencia frente a Mulder. Así liberaban alternativamente a David Duchovny y a Gillian Anderson de sus compromisos con la serie para centrarse en la película.

Y así se sacaron de la manga experimentos como "Chinga", una de esas historias retorcidas que se le ocurren a Stephen King, que Chris Carter domó un poco con algunos de los mejores diálogos entre una Scully "de vacaciones" en Maine y un Mulder aburrido en su despacho ("Cásate conmigo, Scully - Esperaba algo más útil"). La presencia de King escribiendo ese guión marcaba también el inicio de la aparición de invitados especiales. William Gibson, padre del cyberpunk, escribió "Kill switch", y Lily Taylor, que entonces estaba muy de moda, apareció como una vidente ciega en "Mind's eye". No me olvido de Luke Wilson en "Bad blood", pero a ese capítulo ya le hemos dedicado una entrada entera. También hay avistamientos de "casi famosos", como el de Garrett Dillahund en "Travelers", donde, por una vez, no hace de malo.

Pero la verdadera fiesta son Mulder y Scully. Siguen discutiendo y siguen teniendo serios problemas de comunicación en cuanto a las cosas que realmente importan, pero en esta temporada se marca un punto de no retorno, ejemplificado aún más con el "no-beso" de la película. Entre la curación del cáncer de Dana, la aparición, y desaparición, de esa hija que no sabía que tenía (y cuya sombra será muy alargada) y la aparición al final de temporada de Diana Fowley (antigua amante de Mulder) y del telépata híbrido Gibson, empieza a quedar todavía más cristalino que los sentimientos entre los dos agentes del FBI tracienden la mera amistad. Como siempre, las miradas (el juego que se traen en muchos episodios en los que Mulder busca los ojos de Scully y ésta los aparta es bastante claro), el lenguaje corporal de cada uno es mucho más explícito que cualquier diálogo. La explosión final en el despacho de Mulder es sólo el aldabonazo que marca ese cambio en la serie (incluida mudanza del rodaje de Vancouver a Los Ángeles), un cambio en Sculder y en la Mitología, pues Carter aprovechó la sexta temporada para hacer borrón y cuenta nueva de la Conspiración original, y empezar otra mucho más delirante.

Destacados: La quinta temporada se emitió entre el 2 de noviembre de 1997 y el 17 de mayo de 1998, meses antes de que se estrenara la primera película (que era un episodio alargado muy entretenido, incluso con mis reticencias hacia la Conspiración). De los 20 capítulos, yo me quedo con el divertido "Unusual suspects" y el protagonismo de Los Pistoleros Solitarios; con "Detour" y sus Depredadores ecologistas (y Scully cantando "Joy to the world", la canción del elefante en la cuerda de araña en el doblaje español), por supuesto con "The post modern Prometheus", con "Christmas Carol" y el estudio de Scully lejos de Mulder, con los divertidos, e incomprendidos, vampiros de "Bad blood", y con "Folie a dieux", sobre un original monstruo en una oficina muy a lo "The Office".

P.D.: Como yo vivo estupendamente haciendo como si las temporadas finales de "Expediente X" no existieran (¿porque seguiste la serie después de que Duchovny se fuera, amigo Carter?), incluso aunque tuvieran buenos episodios sueltos, sólo queda una parada en el revival, pero no será a toda la sexta temporada, sino a unos pocos capítulos que tenía curiosidad por volver a ver, y que recuerdo que estaban bien. Igual, si me animo, hago algo parecido con la séptima, pero lo veo más difícil.
Publicar un comentario