03 octubre 2009

El doctor en su laberinto

ALERTA SPOILERS: Como la sexta temporada de "House" empieza con cierto desarrollo de su protagonista que es mejor ver, no sigáis leyendo si no habéis visto los dos primeros episodios.

El gran elefante en el cuarto de "House" ha sido siempre lo que parece que están intentando realizar en el principio de la sexta temporada, y de lo que, además, hemos hablado largo y tendido. Eso no es otra cosa es permitir que House evolucione, que cambie un poco, sin romper todos los esquemas de la serie. Es cierto que nos han amagado con esto otras veces, como al principio de la tercera temporada, cuando la ketamina que Cuddy le da a House después de que le disparen hace desaparecer momentáneamente el dolor de la pierna. La "felicidad" del doctor duró ahí cuatro episodios, y luego volvió a ser el mismo misántropo ingenioso pero bastardo del principio de la serie.

Ahora, después de abrir la temporada con un episodio especial de hora y media que incluía homenajes explícitos a "Alguien voló sobre el nido del cuco", ya no se puede seguir dando rodeos alrededor del tema y hay que enfrentarse a ello. House abandona el hospital decidido a dejar de ser menos miserable y a no depender de los analgésicos para funcionar como una persona normal. Sin embargo, su personalidad lo hace propenso a las adicciones y, si no es la Vicodina, necesita otra cosa que lo entretenga y le haga olvidarse del dolor. La subtrama de su enganche a la cocina es estupenda no sólo porque House se enfrenta a la realización de los platos con la misma mentalidad con la que intentaba diagnosticar a los pacientes, sino porque acaba mostrándole que no puede huir de la medicina, que ésa es su verdadera droga. Será interesante cómo se reintegra en un hospital en el que Foreman es el nuevo jefe de un departamento de diagnósticos en el que sólo está él; Taub se marcha y Trece es despedida porque él no sabe cómo conciliar su relación personal con la laboral.

Foreteen siguen siendo poco interesantes, aunque confieso que mi postura hacia ella se ha ablandado un poco. Él, a pesar de que es curioso ver cómo intenta usurpar el lugar de House sin convertirse en él (el principal miedo de Foreman desde la 2ª o la 3ª temporada), debe ser de los personajes más tostón de toda la serie, hasta el punto de que cinco minutos de Cameron y Chase valen más que 30 de monólogo de Foreman. Por lo menos, el dúo Wilson-Cuddy sigue estando en plena forma, lo que nos lleva al otro "elefante en la habitación", bien expresado por la asiática compañera de clase de cocina de House que le espeta a Cuddy un "Bésalo o vete". Incluso aunque la historia entre los dos ocurriera hace tiempo (en eso creo que podemos estar todos de acuerdo), es otro tema que se debe resolver. Dudo que lo hagan esta temporada, teniendo en cuenta que su aproximación al cambio de House está siendo más pausado y más natural que otras veces.

De todos modos, el segundo capítulo nos demostró que House puede ser un poco más amable y un poco más feliz, pero que el lado borde y faltón no era producto de su adicción a los analgésicos o del dolor insoportable. Está ahí dentro. Sólo tiene que saber controlarlo. Y ésa es la clave para que la serie siga más o menos igual introduciendo un leve cambio en su personaje central. Como cree David Shore, en esencia, la gente nunca cambia.

P.D.: Una curiosidad que se me olvidó comentar antes. Además de Franka Potente y Andre Braugher, en el primer capítulo contaron con la presencia de Lin-Manuel Miranda, el intérprete de Alvie (el compañero de habitación de House en el hospital), que es co-autor del musical "In the Heights", ganador en 2008 del Tony a la mejor obra, y que empezó Off-Broadway antes de dar el salto al circuito principal neoyorquino.
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