05 octubre 2009

Una casa en ruinas

El futuro de "Dollhouse" es muy poco halagüeño, y no ya creativamente, donde no termina de explotar los destellos de interés que surgen aquí y allá, sino en el aspecto que más duele: el de las audiencias. Su renovación por una segunda temporada debió ser la mayor sorpresa del verano, y se basó sobre todo en los datos de reserva del DVD de los primeros 13 capítulos y en las audiencias de los visionados de cada episodio en diferido (es decir, grabados y vistos más tarde). Los dos primeros episodios de esta nueva, y milagrosa, entrega no van mucho mejor y, de hecho, apuntan a los peores temores de los whedonistas; el del pasado viernes reunió algo más de dos millones de espectadores y, lo que es aún más doloroso, fue superado por el estreno, en Syfy, de "Stargate Universe".

Lógicamente, esto parece acarrear un hundimiento no como el del Titanic, sino más en la línea de "Crónica de una muerte anunciada". Y Fox no tiene toda la culpa de ello. Al fin y al cabo, le concedieron una segunda oportunidad cuando lo más normal es que la hubieran cancelado antes de tener que verla arrastrándose por la parrilla de la noche del viernes, hasta que tenga que terminar pidiendo un descabello misericordioso. Es cierto que su empeño en que los primeros episodios fueran autoconclusivos (que no es el fuerte de Joss Whedon) y las reticencias ante el piloto original terminaron teniendo consecuencias, pero es que luego no han podido sacudirse de encima la pobre impresión de esos primeros capítulos. Como dijimos en su momento, el problema no es que fueran autoconclusivos, sino que sus historias eran muy flojas, y la trama prometida del despertar de Echo hacia su propia identidad, que podía compensar esos arcos cerrados, tampoco terminaba de convencer.

Es cierto que la segunda temporada tiene un pequeño obstáculo que se llama "Epitaph One". Ese episodio rodado para el DVD, que iba a ser el cierre de la serie en el caso de que la hubieran cancelado, marca un futuro y arroja una sombra sobre algunas de las decisiones de los personajes que les confiere otro aire, cierta sensación de inevitabilidad y de catástrofe (especialmente, esto se ve en algunas cosas que hace Topher), pero ese capítulo no se ha emitido en televisión, así que los guionistas deben implicar algunos detalles del futuro que espera a la Casa de Muñecas (y al resto del mundo) en 2019 sin espantar a los espectadores que no lo han visto (que no sé si serán muchos de los pocos que siguen semanalmente la serie). Con ese futuro en el horizonte, acciones anodinas y al azar adoptan un cariz mucho menos inocuo, pero no pasan de ser pequeños destellos (como el "despertar" de Whiskey) en unas tramas que vuelven a caer en la falta de interés de la primera temporada.

Sí, sé que mostrar cómo Echo puede ser "impresa" con el instinto maternal nos muestra el principio del camino hacia lo que se cuenta en "Epitaph One", pero sería mucho más efectivo si no hubiéramos visto en más ocasiones que prácticamente todas las misiones de Echo se tuercen (hará algunas bien, pero en las que falla, lo hace estrepitosamente). Es verdad que, si Fox hubiera emitido ese último capítulo, ese hecho tendría otro halo a su alrededor, pero no quita para que la historia no pase de ser otro "caso de la semana" no demasiado espectacular. Las implicaciones éticas siguen siendo inquietantes, pero no resultan entretenidas de ver. Visto el panorama, veremos qué hace Fox con "Dollhouse" cuando lleguen los sweeps de noviembre. Está claro que, para esta serie en concreto, se necesita que la trama serializada gane más peso, y tal vez la cadena decida seguir la táctica de "Las crónicas de Sarah Connor" y emitir la segunda temporada completa. Lo que no está tan claro es si podrá resucitar por segunda vez.
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