04 enero 2010

El sabueso de Baker Street

El estreno de "Sherlock Holmes", la nueva película de Guy Ritchie con Robert Downey Jr. y Jude Law en la piel de Holmes y Watson, ha vuelto a traer a primer plano al célebre detective creado por Arthur Conan Doyle, que en realidad nunca ha pasado de moda ni ha dejado de influenciar a multitud de obras y personajes posteriores. Sin ser el primer detective inteligente que pone sus habilidades deductivas al servicio de la resolución de complicados casos que acepta por la dificultad del enigma (antes que él está Auguste Dupin, creado por Edgar Allan Poe en "Los crímenes de la calle Morgue"), sí es el que alcanzó más repercusión en su época (para fastidio de Conan Doyle, que intentó matarlo sin éxito), utilizando como trampolín las páginas de la revista mensual "The Strand", en la que empezaron a publicarse sus aventuras a partir de 1891.

Es bastante habitual que la imagen de él que tengamos en la cabeza sea la de la serie de películas que protagonizaron Basil Rathbone y Nigel Bruce (estupendamente homenajeadas en la película de Disney, "Basil, el ratón superdetective"), pero éstas se apartan bastante de las historias de Conan Doyle. Éstas son todas cortas, siguiendo el mismo esquema de que un visitante llegue al 221B de Baker Street, exponga un problema lo suficientemente intrigante para llamar la atención de Holmes, éste y Watson se desplacen adonde sea a investigar el asunto, Holmes haga unas indagaciones por su cuenta y, finalmente, llegue a una resolución del problema. En muchas de ellas suele haber secretos del pasado y viejos enemigos del detective que intentan acabar con él (no sólo Moriarty), y también aliados como Mycroft, el hermano de Holmes, con muchas conexiones en las altas esferas del gobierno.

Por si aún queda alguien que nunca haya leído algunas de las historias de Sherlock Holmes, hay que decir que el grueso de ellas son relatos breves recogidos en diversos volúmenes (de "Las aventuras de Sherlock Holmes" a "El archivo de Sherlock Holmes") y cuatro libros ("Estudio en escarlata", "El sabueso de los Baskerville", "El signo de los cuatro" y "El valle del terror"), y aunque casi todas sigan la misma fórmula, es un error descartarlas como "fáciles" o "de literatura juvenil". Algunas presentan puzzles bastante enrevesados, y en otras tenemos pistas sobre la personalidad de Holmes realmente interesantes. Al verlo todo desde el punto de vista de Watson, que es el narrador, hay siempre cosas que no sabemos hasta que el detective no las cuenta. Y si después de Holmes queremos seguir con detectives lógicos y racionales, capaces de resolver un complicado asesinato con observar la escena del crimen durante 10 minutos, podemos decidirnos por el padre Brown de Chesterton o, por supuesto, el Poirot de Agatha Christie.

En 1927 se publicó el último libro de Sherlock Holmes, pero el personaje ha seguido dando vueltas y protagonizando libros, películas y enfrentándose incluso a Jack el Destripador. Una de las iniciativas más logradas es la que el hijo menor de Conan Doyle, Adrian, y el escritor John Dickson Carr, bajo pseudónimo de Carter Dickson, publicaron en los 50 con el título de "Las hazañas de Sherlock Holmes".
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