20 junio 2010

La educación de Temperance

El otro día, escuchando el podcast de "La caja de spoilers" sobre "Fringe" y "Expediente X", sugerían algo muy interesante para explicar por qué costaba tanto entrar en "Fringe" al principio de la temporada. Aparte de que los episodios no terminaran de estar a la altura de las presentaciones pre-créditos (que siempre se les han dado muy bien), en el debate apuntaban que la serie siempre ha sido un poco como Olivia: seria, fría y poco dada a darse alguna que otra alegría, especialmente en la primera temporada. Además, la agente Dunham es un personaje muy racional, más dado a usar el cerebro y la lógica que las emociones (y que suele arrepentirse cuando se deja llevar por lo segundo) y, en general, corresponde a un tipo de personaje más "masculino", que suelen interpretar más veces hombres que mujeres en las series.

El caso de Olivia, a la que poco a poco vamos descifrando con ayuda de pequeños detalles, nos sirve para introducir otro retrato de un personaje femenino poco convencional en las series policiacas actuales, también más dominado por la lógica que por el corazón, y que últimamente ha levantado cierta controversia entre los seguidores de su serie: la doctora Temperance Brennan de "Bones". Cuando digo controversia, no me refiero a una polvareda como la del final de "Perdidos", sino a muchas quejas por su comportamiento en determinados capítulos clave de la quinta temporada, especialmente en el que hacía el centenario. Teniendo en cuenta que, como ocurre en "House", muchas veces Brennan se comporta como si no hubiera aprendido nada al lado de Booth en estos cinco años, sí ha tenido, en general, una interesante evolución hasta llegar a la conversación del capítulo 100 y al final de temporada, pero no puede decirse que haya aparecido de repente y sin avisar.

Desde la primera temporada, hemos tenido pequeños, muy pequeños momentos en los que podíamos ver debajo de la armadura. La primera vez que la vemos hablar con un chaval que se ha fugado de una casa de acogida, y ella recuerda meter todas sus cosas en bolsas de basura para mudarse de una a otra, nos ofrece también cierta información sobre su pasado y sobre algunas de las razones por la que es así, y es sólo el aperitivo para ese juicio en el que tiene que testificar sobre una joven que fue encerrada en una nevera y asesinada, enfrentándose a un ex amante que testifica para la defensa y que explota su punto paradójicamente débil; ser excesivamente técnica y profesional. Brennan le repite muchas veces a Zack que no debe intentar imaginar cómo eran esos esqueletos cuando su dueño vivía, cómo era esa persona. Que si deja de ver fracturas, huesos y marcas que apuntan a determinadas acciones y lesiones y los humaniza, perderá la objetividad y dejará que las emociones nublen su juicio. Pero en el estrado, sólo cuando la acusan de fría y de ser demasiado técnica e incomprensible es cuando ella se rompe y revela su mecanismo de defensa; ella puede ver perfectamente en esos huesos una vida pasada y una muerte atroz, puede hacerse una idea del miedo y el dolor que esa chica sufrió encerrada en la nevera, y eso no le ayuda a ser mejor en su trabajo.

En pocas otras ocasiones ha bajado tanto la guardia (el juicio de su padre es otro ejemplo), pero desde la tercera temporada, si uno estaba lo suficientemente atento, podía comenzar a ver la Brennan real debajo de la bata azul del Jeffersonian y el título de doctora en antropología forense. Alguna que otra vez lo hemos comentado; es tan sutil, que no es raro que pase desapercibido. Hace ya un tiempo que ese retrato de Brennan me resulta muy interesante. A veces en segundo plano, una sombra de sonrisa, una simple mirada o lo que parece el atisbo de una lágrima ofrecen en un segundo mucha más información sobre ella que una larga parrafada o un gesto grandilocuente. El baile de la reunión de antiguos alumnos del instituto, y cómo Brennan mira las estrellas del techo, ha sido uno de los últimos ejemplos más evidentes, uno que nos hace comprender mejor (junto con todo lo que pasa en el juicio del Sepulturero) por qué decide lo que decide al final de la temporada.

De lanzarla en medio de situaciones extrañas para ver cómo reaccionaba (y lograr grandes momentos humorísticos, como aquel capítulo con el bebé y las falanges bailarinas), han ido cuidándola un poco más en su caracterización, hasta ir convirtiéndola en el corazón de la serie. Un corazón menos evidente que el de Ángela, por ejemplo, pero que está ahí y que moverá cualquier evolución a mayores que "Bones" haga de aquí a su final. Comprendo los problemas que este retrato puede tener, pero a mí me parece más interesante.

Música de la semana: "Treme" termina esta noche su primera temporada. Yo todavía voy un poco retrasada, pero eso no va a impedir que hagamos un pequeño homenaje a una de las partes fundamentales de la serie, su música. La canción que suena en los títulos de crédito es responsabilidad de un cantante de Nueva Orleans, John Boutté, y se titula, muy apropiadamente, "The Treme song".
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