03 junio 2010

Esta película es Vietnam

"Ésta no es una película sobre Vietnam. Esta película es Vietnam". Con esas ya famosas palabras presentaba Francis Ford Coppola "Apocalypse Now" en el festival de Cannes de 1979, y justo esas palabras inician "Hearts of darkness. A filmmaker's apocalypse", el documental dirigido por Fax Bahr sobre el caótico y muy problemático rodaje de "Apocalypse Now". La mujer de Francis, Eleanor, rodó un montón de material detrás de las cámaras, grabó conversaciones con su marido y documentó la espiral autodestructiva en la que se metió para poder rodar y, más importante, terminar la película, y el documental utiliza principalmente todo ese material de Eleanor para contar, como dice su subtítulo, algo cercano al apocalipsis de un cineasta. O, más bien, su viaje hacia el mismo corazón de las tinieblas, de sus propias tinieblas, como el título del libro de Joseph Conrad en el que se basa libremente la cinta.

La película de Bahr, narrada por Eleanor Coppola como si leyera su diario, empieza contando un intento anterior de llevar "El corazón de las tinieblas" al cine a cargo de Orson Welles, en 1939, que se canceló en pre-producción porque el estudio temía que fuera a pasarse mucho de presupuesto. Iba a ser el debut en la dirección de Welles, que finalmente optó por "Ciudadano Kane". Coppola retomó esa idea en 1969, como proyecto inicial de su productora, American Zoetrope, con guión de John Millius y la dirección, inicialmente, a cargo de George Lucas. Eran todos jóvenes, impulsivos, idealistas y, en palabras del propio Millius, un poco estúpidos, porque pretendía rodar la película en el mismo Vietnam (la guerra no acabó hasta 1975). Hasta siete años más tarde, después de haberse hecho rico, famoso y respetado en Hollywood gracias a las dos primeras partes de "El padrino", Coppola no pudo ponerse de lleno a hacer realidad "Apocalypse Now".

Él mismo cuenta que irse a rodar a Filipinas, en medio de un entorno y un clima extraños como la selva de esas islas, con la necesidad de ajustarse diariamente a dichas extrañezas, parecía una buena idea porque haría que todos pasaran por las mismas experiencias que Willard tendría que pasar al llegar por primera vez a ese río vietnamita, al final del cual le espera Kurtz. Lo que Coppola no previó fue que la lenta caída hacia los bordes de la locura de Willard, su enfrentamiento con la oscuridad en su corazón, también lo experimentaría él y el resto de equipo (muy especialmente su protagonista, Martin Sheen). El documental nos cuenta todos los problemas que plagaron los 238 días de rodaje en Filipinas, incluido un trato con los Marcos para poder utilizar al ejército filipino y sus helicópteros, siempre y cuando no fueran necesarios para combatir a los rebeldes del sur del archipiélago, un acceso demasiado fácil a todo tipo de drogas, una climatología que no respetaba nada, un guión con cuyo final Coppola no estaba de acuerdo, un montón de dificultades para poder lidiar con Marlon Brando en las únicas tres semanas que acordó rodar y, de remate, un ataque al corazón sufrido por Sheen.

Todo eso son los ingredientes ya por sí solos para hacer una película, y sólo eran las bambalinas de "Apocalypse Now". El documental resulta muy interesante más que por ver cómo rayos lograron sacar adelante aquello en medio de semejante follón, por introducirse en la mente de un Coppola cada vez más superado por las circunstancias e inseguro de que ni siquiera quiera acabar la película. Había puesto su dinero y su casa en su financiación, y hay un punto en el que él mismo afirma que la película no es buena, que aquello es un desastre de 20 millones de dólares, que nadie va a querer verla y que él quiere pegarse un tiro. A pesar del reconocimiento que logró después, con Palma de Oro en Cannes incluida, "Apocalypse Now" puede considerarse una de las cintas malditas de Hollywood por antonomasia por su complicadísimo rodaje. Peter Biskind, en "Moteros tranquilos, toros salvajes", pinta un panorama aún peor que el que retrata "Hearts of darkness" (muy criticado, por cierto, desde algunos sectores de Hollywood). Que la película saliera adelante y acabara siendo considerada un clásico, viendo lo que pasó en esos 238 días en la selva filipina, es casi un milagro.
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