13 septiembre 2010

La caída de John Luther

AVISO SPOILERS: Muchos ya habéis visto el final de "Luther", pero por si acaso, os advierto de que podéis encontraros con cosas que igual no queréis saber si continuais leyendo y no lo habéis visto. Your call.

Hay dos relaciones que pueden justificar ver "Luther". Una empieza a fraguarse desde el principio, y es ese extraño baile intelectual que se traen John Luther y Alice, la brillante psicópata con la que acaba manteniendo cierta relación de dependencia. Las diferencias físicas entre Idris Elba y Ruth Wilson (y no sólo por su color de piel) otorgan una capa añadida a una relación complicada, con cierta evidente química y realmente interesante de ver. La otra relación, que explota en los dos últimos episodios, es la de John y su ex compañero, Ian Reed, un tipo sumamente complicado que se adentra en una espiral de muerte y autodestrucción impulsado por el miedo a ser descubierto como un policía corrupto, pero que a veces da la sensación de no estar tan asustado y, por el contrario, dominar perfectamente toda la situación (gran trabajo de Steven Mackintosh).

Esos dos últimos capítulos (y la trama de la muerte de Zoe, resuelta un poco a lo "Seven") ejemplifican la caída en desgracia de Luther que preconizan algunos personajes desde el primer episodio. La bomba de relojería termina estallando pero por un agente externo (Reed) más que por sus propias acciones, porque todo se descontrola cuando él parece estar recuperando el buen camino. Clásico entre los clásicos. Como bien le dice Alice, se autoengaña creyendo que tiene control sobre su propia vida, porque no es así. Esos dos tensos episodios finales compensan un poco que los intermedios abusan del recurso del psicópata inteligentísimo al que no hay forma de pillar en falta, y que los compañeros de Luther entran demasiado en el molde de "jefa comprensiva hasta cierto punto"-"nuevo compañero ganado para la causa por su inteligencia" y el inevitable tipo de Asuntos Internos que viene a hacerle la vida imposible, aunque luego se dé cuenta, a última hora, de lo que pasa de verdad entre Luther y Reed.

Lo cierto es que la serie pertenece por entero a Elba, que va disparado al estrellato. Ser Stringer Bell en "The Wire" le abrió las puertas del reconocimiento crítico y a un pequeño secundario en "The office", y ahora no para de rodar todo tipo de películas, con desigual suerte entre público y crítica, y hasta tiene otro secundario en una de las grandes apuestas de Showtime, "The big C". Consigue que su imponente presencia física no lo sea tanto (como Luther camina siempre encorvado y con las manos en los bolsillos), y también logra transmitir que la espita puede saltar en cualquier momento, que es un hombre imprevisible y, ciertamente, una bomba de relojería. La BBC ha confirmado que habrá una segunda temporada, aunque no se sabe exactamente cuándo, y veremos entonces si la tendencia autodestructiva de Luther se acrecienta o, paradójicamente, sus tratos con una psicópata como Alice (todo un hallazgo de personaje) consiguen calmarlo.
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