25 abril 2011

Los monstruos de Moffat

ALERTA SPOILERS:  La sexta (o segunda, dependiendo de por dónde empecéis a contar) temporada de "Doctor Who" acaba de estrenarse. Si no habéis visto ese primer episodio, y no sabéis qué es lo que yo acabo de olvidar, mejor no sigáis leyendo.

Una cosa hay que reconocerle a Steven Moffat, entre otras muchas, y es el talento para sacarse de la manga unos imaginativos e inquietantes monstruos en "Doctor Who". Desde las extrañas criaturas humanas con una máscara de gas por cara que aparecían en "The empty child", ha ido superándose en cada temporada con los extraterrestres malvados a los que el Doctor debe vencer, basándose siempre en miedos muy básicos para crearlos, como la oscuridad o aquello que creemos haber visto moverse por el rabillo del ojo. Esos últimos monstruos, los Ángeles Llorones, son uno de los puntos álgidos de la renovación de la serie, así que no es extraño que sirvan un poco de base para presentarnos al nuevo gran villano, el Silencio. A decir verdad, ya nos dieron unas pocas pinceladas de su existencia en la quinta temporada, pero hasta ahora no hemos visto que ese Silencio, en realidad, son unos alienígenas muy a lo "Expediente X", vestidos como si hubieran salido de una reunión con Don Draper, y cuya originalidad radica en que, en cuanto dejas de verlos, te olvidas de su existencia.

Esa podía haber sido la gran revelación del capítulo, que es sólo la primera parte de uno doble, pero la serie riza el rizo haciendo que vuelva River Song y continúe aumentando el misterio sobre ella, que Amy le confiese al Doctor que está embarazada y, de remate y traca final, que el Doctor muera. Bueno, una versión suya futura, pero ya me entendéis. Así, usando de escenario la misión del Apolo XI a la Luna (y la primera vez que "Doctor Who" se rueda en Estados Unidos), Moffat vuelve a construir uno de sus tan queridos puzzles temporales circulares, que son ingeniosos y suelen estar bien armados, pero con los que el factor sorpresa está un poco diluido después de varias tramas similares (el final de la quinta temporada, sin ir más lejos). Eso no quita para que la nueva temporada no haya empezado con la inyección de energía y el humor alocado a los que nos tienen acostumbrados, aunque también parece que la trama serializada va a ser más seria de lo habitual.

De algún modo, se confirma la impresión de que quinta y sexta entregas estarán mucho más interconectadas de lo que podía parecer. Justo esta serialización a cuentagotas es uno de los fuertes de Moffat, especialmente la construcción de un misterio rodeado de una atmósfera intrigante. Es una pena que sepamos cómo va a acabar River porque es otro personaje que, como Jack Harkness, merece su propia serie, y si alguna vez esos dos se encontraran, no quiero ni pensar la que podrían montar. Ya sólo los "Hello, sweetie" me hacen sonreír. Esta nueva entrega, esperada casi con tanta anticipación en Estados Unidos como en el Reino Unido, apunta de momento buenas maneras. Serán inevitables los episodios menos logrados (los de los daleks con los colores de Benetton y los hombres-lagarto no fueron los más inspirados del año pasado), pero parece que el arco serializado va a superar los propios estándares de "Doctor Who". Como decía el Décimo Doctor, "allons-y".
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