12 febrero 2014

¿Debería Rick Grimes morir?

Que "The Walking Dead" es todo un fenómeno es innegable. Desde la temporada pasada es una fuerza de la naturaleza en las audiencias, y el domingo regresó con la segunda mitad de su cuarta entrega con más de 15 millones de espectadores y un 8,2 en los demográficos, unas cifras por las que cualquier cadena en abierto sacrificaría a los primogénitos de sus ejecutivos. Buena parte de la culpa de que los zombies hayan sustituido a los vampiros en cuanto a los monstruos más populares la tiene esta serie, y sus responsables se han convertido todos en grandes celebridades. Al mismo tiempo, cada vez se hace más intenso el ruido alrededor de la serie, ruido que, curiosmante, tiende a amplificar más sus defectos, y no sólo por parte de los lectores de los cómics, eternamente insatisfechos con la adaptación.

Una de las tendencias que ha aparecido a raíz de "After", ese primer capítulo tras el hiato de media temporada, es la que se pregunta si Rick, el protagonista central de la serie y con el que empezamos a descubrir este nuevo mundo en el piloto, debería morir. Críticos como Alan Sepinwall sostienen que se ha vuelto un lastre, que su estancia en la prisión lo ha convertido en una versión de las peores cualidades de Jack Shephard, otro líder que siempre era muy criticado en las últimas temporadas de "Perdidos" porque tomaba malas decisiones y se empeñaba en cursos de acción que al resto del grupo no le convencían en absoluto. Rick siempre ha sido un líder reticente, que asumía ese puesto porque nadie más quería hacerlo, pero la espiral autodestructiva en la que cayó tras la muerte de Lori ha llevado al personaje a un pozo bastante deprimente. Y el mundo de "The Walking Dead" ya es muy deprimente sin necesidad de que Rick se empeñe en construir una ilusión de normalidad dentro de los muros de una cárcel asediada constantemente por los caminantes.

Esa incapacidad del ex sheriff para proteger a su grupo, para quitarse las anteojeras que le impiden darse cuenta de que debería actuar, en lugar de quedarse parado, impulsa a otros personajes a tomar cartas en el asunto. Carol es el ejemplo más evidente, pero este último episodio, que nos empieza a mostrar la situación en la que están todos tras el arco de la prisión, también muestra cómo Carl se ve afectado por ese periodo de inactividad de su padre. Rick podrá haber puesto a prueba la paciencia de los espectadores, pero también lo ha hecho con su propio hijo y con los demás supervivientes. Ese cansancio que sienten con respecto a Rick, y el intento de él de eludir cualquier responsabilidad, les lleva a asumir de un modo más activo las riendas de su futuro. En la cárcel ya vimos que Carol, Herschel y Glenn dieron un paso adelante, y es de esperar que otros personajes vivan una evolución similar en esa nueva situación en la que se ven envueltos.

¿Debería Rick morir? Independientemente de que Robert Kirkman haya asegurado que es el único personaje imprescindible de la serie, podrían proponerse argumentos tanto a favor como en contra, pero sigue siendo necesario en "The Walking Dead". Como ocurría con "Perdidos" (y como también señalan los críticos estadounidenses), en la serie se comenta a menudo sobre la capacidad de liderazgo de las personas, qué hace a alguien un buen líder o si de verdad hay que confiar ciegamente en una persona para que determine el futuro más próximo de un grupo. La confrontación entre Rick y el Gobernador era entre dos estilos de dirección diferentes, entre dos hombres que tenían concepciones distintas sobre lo que es ser un líder, y ahora Rick debe decidir si quiere seguir siendo así o si tiene que adaptarse finalmente al nuevo mundo en el que vive. Como le reconoce a Carl, las cosas no pueden volver a ser como antes.

Dicho todo esto, ese panorama que nos presenta "After" puede resultar un cambio interesante con respecto a lo que hemos visto hasta ahora, y a lo mejor hasta sirve para maquillar un poco el que realmente es el principal defecto de la serie, que es su pobre trabajo de construcción de personajes.
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