07 enero 2008

La crítica es subjetiva

¿Cómo saber si una serie es buena? ¿Hay algún manual que nos dé pistas sobre las cosas en las que hay que fijarse para decidir si es una obra maestra o una caspa? No lo tengo muy claro, la verdad. Al final, todo acaba reduciéndose a nuestro gusto personal. "Lo que el viento se llevó" es un clásico, pero confieso que, a partir del incendio de Atlanta, no le encuentro ningún incentivo y Escarlata me pone de los nervios. Sí podemos atrevernos a decir que, para que una serie sea buena (o nos lo parezca) las historias deben ser coherentes, los personajes creíbles y que, por lo menos, no nos tomen por idiotas. Dicho todo esto, puede seguir sin gustarnos.

Las razones por las que yo me engancho a una serie son, a veces, muy poco racionales. Un indicador infalible es encontrarles cierto sentido del humor (en las calificadas como dramas, claro). Ya puede ser el retorcido que se gastan a veces en "CSI" o la ironía y la autoparodia que practicaban en "Expediente X", si me río con una serie voy a verla casi con total seguridad. Por lo general, lo que termina enganchándome son los personajes. En "Damages", la "maldad" de Patty Hewes me tiene fascinada, hasta el punto de que todo me parece una maquinación suya y veo sus tentáculos por todas partes (y todavía voy por la mitad), y en "Friday Night Lights" son los Taylor, y Tim Riggins, los que me hacen regresar todas las semanas a Dillon.

Lógicamente, tiene que haber siempre algo más. La relación entre Brennan y Booth en "Bones" me parece divertida y creo que está bien llevada, pero el resto del conjunto no termina de convencerme. Sin embargo, a pesar de que el todo en "Doctor Who" y "Torchwood" dista mucho de ser perfecto, me lo paso en grande con ellas. ¿Por qué nos gusta una serie? No creo que sea fácil de racionalizar. Pero intentémoslo con "Journeyman", uno de los estrenos que más despertaban mi curiosidad.

Tenemos a un tipo normal y corriente que, de pronto, y sin saber por qué, empieza a viajar al pasado; no muy atrás, apenas unos años antes, y allí tiene que arreglar pequeñas cosas en las vidas de otras personas normales como él para que, unos años más tarde, suceda algo concreto, o se evite alguna otra cosa. La premisa no está mal, el protagonista es interesante (y Kevin McKidd es un tipo al que se puede ver incluso jugando con su iPhone) y, además, parece que los viajes temporales tienen un fin último que, por supuesto, vamos descubriendo poco a poco. La serie en sí no está mal (como curiosidad, tiene unos títulos de crédito bastante logrados). Las tramas son coherentes con lo que nos han ido contando, su protagonista tiene ante sí un conflicto que debe resolver y que reviste cierto interés y los capítulos avanzan sin demasiados problemas. Sin embargo, a mí no me convenció. La familia de Dan me parecía un poco aburrida y, teniendo en cuenta que una parte importante de ese conflicto le concierne a ella, era una hándicap para que siguiera viendo la serie.
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